La medida, enmarcada dentro de su plan de soberanía tecnológica 2030, representa un golpe directo a empresas extranjeras como Nvidia, AMD o Intel, cuyos productos dominaban hasta ahora el mercado asiático. Desde noviembre de 2025, todos los proyectos de centros de datos respaldados por el Estado deberán integrar procesadores y unidades gráficas desarrollados por empresas chinas. La decisión representa un golpe significativo para Nvidia, que obtiene entre el 20 y el 25 % de sus ingresos globales del mercado chino.
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