El mecanismo del fin

Me siento un canalla. Ella sigue fingiendo que no advierte los continuos desprecios que le dirijo. Me sigue entregando el mismo amor (puede que compasión), como si fuese un niño huérfano. No tengo nada que reprocharle. Tampoco la soporto. Ayer miraba su cara tan de virgen de Van Eyck, sus cabellos reposando sobre armónicos hombros. El cuerpo primaveral y apetecible. Las palabras joviales que regala a todo el mundo, y una amabilidad que derrocha sin mesura.

El amor es un misterio. Cómo puedo no amarla. Cómo puede asquearme tanto.

Preveo el futuro: preparo las frases precisas  e irreversibles que le diré, mis respuestas a sus preguntas (y a sus silencios). Será la única forma de romper este maleficio.

Subo las escaleras de casa. Me flojean las piernas. Abro la puerta decidido a terminar de una vez.

Ella está al fondo del salón, mirándome tranquila. Desnuda en brazos de ese desconocido.