Meloni lo tiene claro. No tiene sentido pedir a los ciudadanos que hagan un esfuerzo económico importante para cambiar de coche y, después, dejarles a merced de tarifas eléctricas imprevisibles o directamente elevadas. Según su planteamiento, la energía no puede convertirse en el impuesto invisible que termine por hundir la competitividad del coche eléctrico frente a los combustibles fósiles. Y es que el problema no está solo en el precio del coche. En Italia, como en España, muchos potenciales compradores hacen números.
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