Cuando el pasado 28 de febrero misiles de largo alcance destruyeron en pleno día el complejo fortificado del líder supremo, Alí Jameneí, en el centro de Teherán, los analistas de inteligencia occidentales supieron lo que había detrás: una rara ventana de oportunidad. Y lo supieron porque un ataque de esas características suele producirse de noche, cuando la oscuridad protege el movimiento de los sistemas de ataque y dificulta su detección. Así, el hecho de que se realizara a plena luz del día indica que la clave no estaba tanto...
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