Parece, según sugiere el trabajo de Jose Ruíz, que en Gran Canaria, las esculturas en las rotondas son un auténtico canto al mal gusto, pagado con el dinero de todos los contribuyentes. Trata de abrir un diálogo sobre las intervenciones “artísticas” que se han producido en las islas en los últimos años y denunciar los encargos políticos realizados sin ningún criterio profesional para intervenir en el espacio público. Consiste en montajes fotográficos de algunas rotondas con pequeños carteles donde escribe mensajes, fácilmente entendibles.
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