La primera vez que fui a Tarifa a ver a mi pareja llegué en autobús. Era verano, por la tarde, y la N-340 estaba colapsada desde el cruce de Bolonia como ocurre todos los veranos por la tarde. Cuando el autobús llegó a Casa Porros se veía África, o Marruecos si lo prefieres, con total claridad. Tánger y su puerto, casas diseminadas por toda su tierra, molinos de viento dando vueltas, Ceuta y la imponente Jbel Musa que confundí con Gibraltar porque me sorprendió que 14 kilómetros fueran tan escasos. En ese momento comprendí porqué el estrecho albergaba tantos muertos. Parece tan fácil… Hay días que África no se ve, no está, ha desaparecido, la han borrado. Pero no, es solo una ilusión óptica que te recuerda que no es tan fácil. Esos días, no hay muertos en el estrecho. Al menos, no de los que persiguen un sueño.