Las redes sociales están siguiendo el mismo camino que el alcohol, las apuestas y otros pecados sociales: las sociedades están decidiendo que ya no son cosa de niños. Los legisladores señalan el uso compulsivo, la exposición a contenido dañino y la creciente preocupación por la salud mental de los adolescentes. Por ello, muchos proponen establecer una edad mínima, generalmente de 13 o 16 años. Cuando los reguladores exigen una aplicación real en lugar de reglas simbólicas, las plataformas se topan con un problema técnico básico.
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