"Y aquí viene mi propuesta favorita. Para todos esos gurús y opinólogos de red social que defienden la «inclusión a cualquier precio» (incluso al precio de la salud mental del docente y del futuro del resto de la clase), tengo un plan perfecto…
Mañana mismo se os cede el aula. Venid vosotros, con vuestras dinámicas de grupo de colores y vuestro mindfulness pedagógico, y le dais clase a ese alumno que lleva tres años usando el insulto como saludo y el libro como proyectil. Quedaos con él seis horas al día, cinco días a la semana. Demostradnos cómo vuestro amor infinito y vuestra resiliencia sistémica obran el milagro.
Ah, no, que vosotros estáis muy ocupados dando charlas a 100 euros los diez minutos sobre cómo los demás debemos gestionar el conflicto o a opinar desde las redes sociales. Es muy fácil ser inclusivo cuando los gritos te pillan a tres despachos de distancia."
Se habla mucho del color del dinero pero poco, en cambio, de su sonido, que es el de la apertura del cierre metálico de los comercios al empezar el día, el del teclado de los ordenadores a lo largo de tantísimas horas de oficina a la semana, el de nuestras fábricas, el de nuestros campos, y el de nuestros mares… etc.
Vete a que te taladre la vía rectal un ornitorrinco, #0
Malagente, que eres malagente.
Mañana mismo se os cede el aula. Venid vosotros, con vuestras dinámicas de grupo de colores y vuestro mindfulness pedagógico, y le dais clase a ese alumno que lleva tres años usando el insulto como saludo y el libro como proyectil. Quedaos con él seis horas al día, cinco días a la semana. Demostradnos cómo vuestro amor infinito y vuestra resiliencia sistémica obran el milagro.
Ah, no, que vosotros estáis muy ocupados dando charlas a 100 euros los diez minutos sobre cómo los demás debemos gestionar el conflicto o a opinar desde las redes sociales. Es muy fácil ser inclusivo cuando los gritos te pillan a tres despachos de distancia."