El deterioro de los galeones de la Expedición Orellana, expuestos desde hace años a la intemperie en la Península de la Magdalena, no es solo un problema técnico o patrimonial. Es, sobre todo, el reflejo de una forma de entender la cultura como algo accesorio, prescindible y fácilmente postergable. El legado de Vital Alsar, uno de los grandes aventureros y navegantes del siglo XX, ha quedado durante demasiado tiempo a merced del viento, la lluvia y la salinidad del mar, ante la pasividad de las administraciones.
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