Al final de esta escena, José Luís (Nino Manfredi), arrepentido de su decisión, e influenciado por su suegro, interpretado por Pepe Isbert, la cámara utiliza un plano general picado que muestra un espacio blanco, frío y desolado. El verdugo y el condenado aparecen visualmente como iguales: dos hombres diminutos y aplastados por un engranaje burocrático y social que no pueden detener.