Cuando los guardias de la Inquisición asaltaron el laboratorio de Adelaida, ella les estaba esperando. Contempló impasible cómo destrozaban sus instrumentos de trabajo y vertían al suelo los compuestos que tantos desvelos le costaron. Cuando la llevaron al inquisidor, negó ser bruja y afirmó tajantemente su cristiandad. Sostuvo que Dios nos dio la mente para usarla mejorando el mundo mediante la ciencia, siendo un pecado no hacerlo.
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