Carmen no daba más de sí. Las fuerzas, tras días de trabajo sin descanso, sencillamente le abandonaron. Cayó redonda sobre la acera. Katy, compañera de oficio, el oficio más viejo del mundo, se acercó corriendo a atenderla mientras pedía ayuda:
-¡Por favor, llamen a una ambulancia!
Un habitual del barrio, viendo la escena, espetó con desprecio:
-Bah, pero si es una puta…
No le dio tiempo a terminar la frase, los verdes ojos de Katy lo atravesaron:
-Y tú un carterista, te he visto desplumar a los viandantes, ladrón.
-Pero, pero…
-¡Pero nada! Carmen tiene dos hijos que mantener y un alquiler que pagar, y, al contrario que tú, no hace daño a nadie. ¡Atención al carterista, ojo al ladrón! ¡Señora, ojo con la cartera, que este tipo se la quitará en cuanto se descuide!
El tipo salió corriendo y nunca más se le volvió a ver por allí.
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Ka0