«Pérez-Reverte –señalaba, despectivo, retirándome el señor, el don y el excelentísimo a que, modestia aparte, allí tengo derecho– confunde hasta seis veces el verbo intimar con intimidar. [..] Así que imaginen con qué placer, goteándome el colmillo, escribí, contra lo que acostumbro, mi respuesta en papel de cartas color hueso, impreso con mi nombre y el bonito escudo de la RAE: [...] Este artículo me ha recordado a todas esas las batallas que existen en las listas de correo Open Source, donde los gurús tampoco tienen piedad.