Una democracia adulta tiene un principio básico: si una norma produce consecuencias indeseadas, se corrige, se explica y se repara. En lugar de eso, se optó a menudo por el reflejo identitario: defender la ley como símbolo, aunque la implementación estuviera generando un problema real, jurídico y social, que exigía una respuesta rápida, serena y cooperativa.
Lo grave no fue el error técnico (los sistemas complejos los producen). Lo grave fue el marco de sospecha con el que se trató a quien señalaba el fallo: jueces, juristas, feministas