En la noche del 8 al 9 de enero, un misil balístico ruso cruzó el cielo ucraniano a más de Mach 10. No fue un Iskander, ni un Kinzhal, ni uno de los cientos de Shahed que han poblado de alarmas las madrugadas de Kyiv. Fue algo distinto. Moscú decidió poner en órbita —en todos los sentidos— una versión operativa del RS-26 Rubezh, conocido en algunos círculos como “Oreshnik”. Alcance estimado: más de 5000 km. Velocidad: 12.000 km/h. Carga: convencional, aunque su diseño admite múltiples ojivas.
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