#14 A mi me gusta esta "explicación"
Y, al mismo tiempo, la idea de que se está en guerra, y por tanto en peligro, hace que la entrega de todo el poder a una reducida casta parezca la condición natural e inevitable para sobrevivir.
Se verá que la guerra no sólo realiza la necesaria distinción, sino que la efectúa de un modo aceptable psicológicamente. En principio, sería muy sencillo derrochar el trabajo sobrante construyendo templos y pirámides, abriendo zanjas y volviéndolas a llenar o incluso produciendo inmensas cantidades de bienes y prendiéndoles fuego. Pero esto sólo daría la base económica y no la emotiva para una sociedad jerarquizada. Lo que interesa no es la moral de las masas, cuya actitud no importa mientras se hallen absorbidas por su trabajo, sino la moral del Partido mismo. Se espera que hasta el más humilde de los miembros del Partido sea competente, laborioso e incluso inteligente -siempre dentro de límites reducidos, claro está-, pero siempre es preciso que sea un fanático ignorante y crédulo en el que prevalezca el miedo, el odio, la adulación y una continua sensación orgiástico de triunfo. En otras palabras, es necesario que ese hombre posea la mentalidad típica de la guerra. No importa que haya o no haya guerra y, ya que no es posible una victoria decisiva, tampoco importa si la guerra va bien o mal. Lo único preciso es que exista un estado de guerra. 1984 George Orwell
Imaginad a Perro Sánchez con el Premio Nobel de la Paz. Solo por ver a Ayuso, Feijóo, Ana Rosa Quintana e Iker Jiménez echando espuma por la boca, pagaría porque se lo diesen. Los pepesunos implosionarían.
Hombe esta recargado con 50 euros, ese consumo no te lo gastas en un fin de semana ni que dejes la calefacción encendida todo el día. Supongo que alguien se la ha liado muy fuerte en aluna ocasión y ha tenido que tomar medidas.
Me la sopla lo que opine un facha random sin oficio ni beneficio.. ese es uno de los problemas de este país, ir poniéndole el micro a todos los tontos a las tres, a picar piedra los ponía..
La carcasa de la película es excepcional. Fotografía, musica, puesta en escena y estilismo son realmente algo muy fresco en el panorama cinematográfico actual.
Incluso la idea o premisa de la historia es muy interesante.
Pero la peli se va por los cerros de Ubeda. PIerde su trama en favor de dramáticos acontecimientos inesperados y gratuitos que difuminan cualquier desarrollo argumental que cabría esperarse, en pos de una especie de drama simbólico y caóticos sin mucho interés y que no resuelve nada de lo que abre.
Es una pena porque con esa tremenda puesta en escena podrían haber trabajado un guión mucho mas redondo, que contase una historia que merezca la pena ser vista y disfrutada.
Y, al mismo tiempo, la idea de que se está en guerra, y por tanto en peligro, hace que la entrega de todo el poder a una reducida casta parezca la condición natural e inevitable para sobrevivir.
Se verá que la guerra no sólo realiza la necesaria distinción, sino que la efectúa de un modo aceptable psicológicamente. En principio, sería muy sencillo derrochar el trabajo sobrante construyendo templos y pirámides, abriendo zanjas y volviéndolas a llenar o incluso produciendo inmensas cantidades de bienes y prendiéndoles fuego. Pero esto sólo daría la base económica y no la emotiva para una sociedad jerarquizada. Lo que interesa no es la moral de las masas, cuya actitud no importa mientras se hallen absorbidas por su trabajo, sino la moral del Partido mismo. Se espera que hasta el más humilde de los miembros del Partido sea competente, laborioso e incluso inteligente -siempre dentro de límites reducidos, claro está-, pero siempre es preciso que sea un fanático ignorante y crédulo en el que prevalezca el miedo, el odio, la adulación y una continua sensación orgiástico de triunfo. En otras palabras, es necesario que ese hombre posea la mentalidad típica de la guerra. No importa que haya o no haya guerra y, ya que no es posible una victoria decisiva, tampoco importa si la guerra va bien o mal. Lo único preciso es que exista un estado de guerra.
1984 George Orwell