Estados Unidos es invencible en su continente, flanqueado por dos océanos y con solo dos estados limítrofes que controla. Se permite, en materia de política exterior, actuar sin importar cuán inútil o sin sentido —Vietnam, Irak. Si sale mal, vuelve a casa donde ni el contrincante más victorioso puede seguirle. Esto explica por qué, como principio, mantiene viejas enemistades durante décadas: Cuba, Irán, Afganistán. No importa con qué frecuencia fracase, Estados Unidos no tiene que pagar daños ni hacer las paces ni aprender nada.