Solo son cuatro gotas, dirán ustedes. Qué va. Hay más. Está la condena a un militar por violar a una compañera en Ferrol; la del teniente de la Guardia Civil detenido en Valencia, que agredió sexualmente a su expareja, y la de un policía nacional, en esa misma ciudad, por el mismo delito, esta vez contra una agente en prácticas. Y sigo. Un policía nacional de Madrid ha entrado en prisión por abusar de una compañera en un bar; y seis meses le han caído a un Guardia Civil de Lugo por acoso sexual a una subordinada.