Desde el día que el cielo se iluminó habían transcurrido ochenta años.
Leí que hubo un gran despertar de la humanidad que consiguió sobrevivir.
Las ciudades se reconstruyeron sin fronteras ni banderas.
La comida y la energía se compartían.
No había ricos ni pobres.
Los niños crecían felices.
Aprendían a cuidar, a escuchar y a trabajar por la comunidad.
Los ejércitos dejaron de ser necesarios.
Vivían juntos sin importar origen, raza o sexo.
Nadie quedaba atrás.
Decían que el mundo antiguo murió por odio y avaricia.
Que la bomba fue solo el último gesto.
Yo he caminado entre ellos durante años.
Acepté su techo, su comida, su amor.
Siempre los odié, falta disciplina.
Les muestro quién debe mandar.
Les hablo de raza, pureza y de un glorioso destino.
Les hablo de orden, de jerarquía, del plan divino de Dios.
Cada día somos más.
Nos organizamos en silencio.
Ya puedo empezar.
honbu