Concurso de microrrelatos de Menéame
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El microrrelato finalista ha sido: Presidentland (Envío patrocinado)

El microrrelato finalista ha sido: Presidentland (Envío patrocinado)

Cuando el presidente anunció la conquista de Groenlandia, nadie lo contradijo. Así que sus asesores idearon algo más barato que una guerra: simular la victoria. La economía no daba ni para alquilar Disneylandia. Apenas consiguieron nieve artificial, unas vallas torcidas y un cartel improvisado: Presidentland. —No va a funcionar. —¿Tienes una idea mejor? —Claro que no. Esta era mi idea, pero esto es muy burdo. La Bestia llegó puntual. Dos agentes del servicio secreto ayudaron al presidente a bajar. —¿Así que esto es Groenlandia? —dijo...
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Ghosting al mainstream

—Joder man, me han hecho ghosting. Escucha mi historia porque es bien bizarra. Hace tres años, andaba yo por las calles performeando cuando me rodeó una docena de indies. Al principio no me dieron buenas vibes, pero me habían estado stalkeando y les flipaba mi rollo underground, tanto que comenzaron a seguirme. Y así fue como me convertí en influencer. Nunca entró en mis planes, pero una voz dentro de mí me pedía que siguiera, por lo que hice un reset y enfrenté mi destino. Pronto reuní a cientos de followers que me seguían de festi en festi, y empecé a putopetarlo tanto que temí convertirme en mainstream. "No te vendas nunca, maestro", me decía Judas, que iba de auténtico pero era puro postureo...

—Mira barbitas, me importa un carajo tu vida. Carga la puta cruz o te reviento a latigazos. ¿Mentiendes?

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Geopolítica... o no

Cinco letras. En Ecuador. Estudiante muy aplicado.

Siete letras. Tiene una longitud de onda de entre 590 y 620 nm. [EDITADO. Perdón.]

Ocho letras. En desuso. Conducir, guiar el ganado.

Cuatro letras. Pieza plegada semicircular que está confeccionada en diferentes materiales como papel o tejido y que va montado sobre el esqueleto.

Nueve letras. Alteza o excelencia no superada en cualquier orden inmaterial.

Diez letras. Lograr el amor de alguien.

Siete letras. En Argentina. Caerse o golpearse contra algo con cierta violencia sin daño o con daño leve.

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Cuarenta

El médico termino su revisión, cuyos resultados no se diferenciaron mucho de los del día anterior:

-Su hermana tiene que ingerir alimentos, dejar la protesta, o… Por debajo del 40% de perdida de peso, los daños pueden ser irreversibles, mortales.

Tras 70 días sin comer, Heba era la viva imagen de un prisionero de campo de concentración: pálida, esquelética, los huesos, pómulos y articulaciones marcados por la piel estirada, tensa, dificultad hasta para pensar, para hilar frases, para respirar, pero su determinación estaba grabada en su cerebro: no dejaría su huelga de hambre hasta que se cumplan sus peticiones. Su causa es justa y el trato recibido, indigno y contrario a la justicia.

Decidió que estaba cansada de que nadie hiciera nada, de que se hablara mucho y no se actuara.

Decidió que los palestinos asesinados en Gaza eran demasiados, que la impunidad de Israel era demasiado, que la complicidad de Estados Unidos era demasiado, que la inacción de Europa era demasiado, que el silencio de la gente era demasiado.

Decidió que ella sería el ejemplo, que ella no seguiría la inacción de personas y de gobiernos.

Y decidió ofrecer su vida para protestar por todo ello.

Heba Muraisi, en huelga de hambre desde hace 70 días.

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Piratas nazis del Caribe

Corrían los 90 cuando presenté Piratas nazis del Caribe: en un futuro cercano, por razones desconocidas, la humanidad padecía una regresión cognitiva.

En EE. UU., una grotesca mezcla de Jesús Gil y Calígula, entre chistes y bailecitos, había decidido reinventar la vieja piratería. Durante sus ratos libres perseguía como a perros a los hispanos, quienes le adoraban igualmente. Una especie de SS, aunque enmascarada y peor vestida, los cazaba; aun así, algunos gritaban «¡democracia!» en apoyo a su ídolo.

En el virreinato coloqué a un gobernador arquetípico de español de película de piratas: corrupto, incompetente, tiránico, feo y analfabeto, lo cual no evitaba que sus famélicos ciudadanos le idolatraran.

El editor no continuó leyendo. «Inverosímil, caricaturesco e incluso ofensivo», dijo.

Desperté. Los gritos de protesta en la calle habían interrumpido aquel sueño. Los manifestantes, patriotas, pedían que nos bombardearan y secuestrasen al presidente. «¡Democracia!», gritaban.

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El abrigo negro

Encontré en el armario de mi tío Pepe un abrigo negro de cuero. Largo. Con grandes solapas.

En los cincuenta, le llamaban el alemán por ponérselo. O el nazi.

En los sesenta le llamaban muerto de hambre, por seguír poniéndoselo.

A finales de los setenta y proincipios de los ochenta, le llamaban Darth Vader.

En los ochenta se lo ponía su hija, y llamaban vampiresa. Le quedaba mejor que al tío, porque ella era mucho más alta, todo hay que decirlo, y medio pelirroja.

En los dos mil, se lo puso el nieto de el tío Pepe y lo llamaban rocker. O metalero, o ya no sé muy bien qué, pero algi relacionado con un grupo d eemúsica que tenía el chaval con sus colegas.

Ahora, he regresado a la casa del pueblo, casi en ruinas, y he encontrado el puto abrigo. Me lo puse un día, por echarme unas risas, y me han llamado hipster ¿Será la suma de todo lo anterior?

Dicen que no, pero yo creo que sí...

Y espera a ver lo que le llaman a mi hijo cuando se lo ponga dentro de diez años o quince. A ver si hay suerte y llego a verlo...

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Los hipsters son los otros

Bebió de su cognac, y paladeó su ducados, mientras la bufanda raída de su madre se apoyaba elegante sobre el chaleco de su tatarabuelo. Sentado en un sillón bajo del café intelectual, la pierna cruzada apoyada en el tobillo, desenfadado y poderoso en un mundo ceñido a sus reglas, concebido para la sutileza de la propia adoración, miraba al vacío con desdén, y ese aire de estar pensando profundamente algo que cristaliza en este justo momento.

Las RayBan de piloto de Top-Gun hubieran despertado demasiadas sospechas, pero le hubiera gustado ponérselas.

En el fondo no hacía más que impostar la realidad, los hipsters eran otros. 

No necesitaba el atuendo para inventar un estilo grotesco de surrealismo pedante, y a la vez auténtico como el rocío sobre un pétalo. 

Salvo quizá para encontrar a alguien como él, una rebelde Caperucita de Maldoror.

Su Bianca, mon amour, mon Italie.

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¿Para qué? [Protesta]

Juan consultó la hora de nuevo. Menos cinco. "Estoy llegando", le había respondido Susana diez minutos atrás, cuando el retraso era ya de quince. Suspiró. Reparó entonces en una pequeña mancha en la mesa de la cafetería, y sacó un pañuelo, sonriendo: aquello habría desencadenado una discusión si ella hubiese llegado ya. Él querría limpiarlo y ella no le dejaría. "Que lo haga el camarero". A Juan le requería menos esfuerzo limpiarlo él que conseguir la atención del camarero, obtendría el resultado antes y no le quitaría tiempo a quien sí necesitaba que le atendiese rápido con la comida. Pero para Susana era una cuestión de principios. "No aprenderá a hacer bien su trabajo si no le protestan", diría.

"Por fin", pensó, viéndola entrar. "Esta vez voy a quejarme, o nunca será puntual". Pero el pensamiento no duró mucho. "¿Para qué? Si ya lo sabe".

"Hola, preciosa".

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Consecuencias inespiradas

Diario de bitácora. 7 de junio de 2026.

Nuestro barco llegó finalmente a las costas de Groenlandia. Habíamos previsto que obstaculizaran de algún modo nuestra trascendental misión, pero jamás imaginamos que fuera de forma tan directa, brutal y torpe.

La US Navy nos ha abordado. Alegan que se trata de una zona de conflicto y no se permiten civiles. Después de humillarnos de todas las formas que han considerado convenientes, nos han obligado a desistir, entre grandes risotadas. 

Estos servidores de Satán no ven que fortalecen nuestra causa. Su violencia es nuestra victoria. Ahora es más claro que nunca cómo conspiran para esconder que la Tierra es plana. Han llegado a teatralizar un supuesto conflicto para evitar que fotografiemos el Gran Muro Helado, que contiene las aguas de los mares. 

Pero con la ayuda de Dios, y la torpeza de nuestros adversarios, cada vez somos más quienes vemos La Verdad.

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Gambito de Cheto

Europa había picado el anzuelo. El plan estaba saliendo como estaba previsto, aunque aún no había logrado suficiente respuesta. Europa era más tímida y servil de lo que imaginaba. Decidió amenazar a los países que enviaron tropas con más aranceles, para calentar un poco el tema, pero solamente obtuvo una tímida respuesta.

Tendría que buscar otro acicate, quizá insultar a algunos presidentes, ya que reírse del ejército danés no había sido suficiente. O bien podría hacer maniobras navales cercanas, para generar crispación y debate.

El mundo estaba ya repartido. Europa para Rusia, Asia y África para China. América entera para ellos.

Ahora solamente hacía falta que Europa tirase la primera piedra, para deshacer el tratado y desentenderse de lo firmado.

Pero los muy lameculos no daban el paso. 

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...y se fue

Se acicaló la barba, se puso las gafas de pasta (sin graduación), su chaqueta de franela y tirantes. Cogió su bicicleta, guardó su diccionario de esperanto en la mochila, y quedó con sus amigos, que se habían acicalado la barba, con sus gafas y con su franela y tirantes, que también habían venido en bici. Y se sentían especiales y auténticos, no como esa gente que sigue las modas que les dictan.

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Nanorelato: Café suave, limpio y redondo

La especialidad filtrada en V60 con fermentación anaeróbica consiguió que rozaran las manos. Sonrieron. Salieron a la calle. Bajo la lluvia, un portal los juntó demasiado; el beso fue breve y prometedor. La noche, para beber despacio y prestar atención. Limpia, delicada y expresiva. Cuerpos ligeros sin acidez. Brillantes.

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Asesinato mainstream

Barrio de El Born, 2:30 de la madrugada.

-         Le estaba contando a Ramiro lo de las sensaciones. Es que matar a alguien tiene muchas capas, no es simplemente cargárselo y ya. Es una proyección y una declaración de intenciones. Tiene su vibra, en plan una experiencia orgánica total. De algún modo tú estás siendo el que mata y la víctima, es un espejo en el que te miras para afirmarte ¿sabes? Es muy fuerte. Y va el tío y me dice: "Lo de la navaja es muy mainstream, yo lo de Jack el Destripador lo hacía cuando era chaval, pero si te quedas ahí y no evolucionas es todo aburrido. Eso antes molaba, ahora es muy charca".

-         ¿Te parece normal lo que me suelta?

-         Qué mal, tío.

-         Tremendo gilipollas

Las dos figuras se alejan. Callados van pensando en el outfit con el que matarán mañana.

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Metamorfósil

Se encaprichó de la chica con el pelo de Amélie que siempre veía sola en el gastro-bar donde hacían catas de cerveza artesanal, el que sustituyó a la tasca de toda la vida. Con su aspecto de “normie” poco podía hacer. “Renovarse o sufrirlo en soledad”, pensó.

Lo primero que hizo fue dejarse barba, pero a los cuatro días parecía que se había estado morreando con un tapiz, así que se afeitó.

Le pagó una morterada a un peluquero bigotudo y con tatuajes, pero al día siguiente parecía más un soldado alemán peinado por la onda expansiva de un proyectil que un entusiasta del cine de Kaurismäki.

Se compró monturas nuevas para las gafas, pero la pasta castigaba sus orejas de soplillo.

Rescató de una caja la Rolleiflex del abuelo, pero no sabía abrir la tapa para meter el carrete.

Decidió echarle valor y tirar de labia, así que se puso una camiseta vieja y unos vaqueros, y se fue en busca de Amélie.

Allí la encontró. Pidió dos cervezas de arándanos y entró a matar. A ella le gustó su camiseta de Matutano, pero le aburrió su parloteo.

—¿Todo esto se lo has preguntado a ChatGPT para impresionarme?—le interrumpió Amélie.

—¿ChatGPT?—contestó él haciéndose el indignado—¡Yo solo consulto la Enciclopedia Encarta! 

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La Moneda

Estábamos haciendo un documental sobre una película, con algunos años a sus espaldas. Buscábamos a los actores y los entrevistábamos. Mi papel era solamente acompañar al director.

La siguiente era una actriz conocida, pero de la que casi nadie sabía su nombre, la siempre eterna secundaria que salía en todas las películas, pero no de protagonista.

La encontramos en un asilo, de monjas, que la conocían  de sus buenos tiempos, mejor que ahora, caida en el olvido, del público y de si misma, víctima del Alzheimer.

Yo la observaba desde lejor, sentada en el bordillo de una acera, flanqueada por dos monjas, que supongo la acompañaban por la novedad de la visita. El director le hacía preguntas a una tercera monja, quizá la superiora, que respondía en nombre de ella. Yo permanecía atrás, espectador de una historia que se estaba escribiendo.

La actriz, ya anciana, jugaba como si fuera una niña pequeña de 2 años, absorta en sus propios pensamientos, ajena a una conversación que giraba en torno a ella.

Pedí permiso para acercarme, y me senté a su lado. Ella seguía jugando, sin hacer mucho caso de mi presencia a su lado. Sentí algo extraño, profundo: como si fuera mi abuela, pero no lo era. El sentimiento estaba ahí, indiscutible.

Se giró hacia mí y me dijo “si conoces a alguien con una moneda, plateada o dorada, dile si me la puede dar”. Metí la mano en el bolsillo, y saqué una moneda de 20 céntimos, brillante, y se la dí.

La cogió y me miró. Y durante un instante, volvió. Pero no del todo. Sólo consciente de que estaba enferma, de que debía reconocerme, pero no lo hacía. Me miró con una claridad dolorosa.

-”Si alguna vez olvido acordarme de tí, no olvides acordarte tú de mí.”, me dijo.

Y volvió a desaparecer, y a volver a jugar con su moneda plateada.

El director seguía preguntando, las monjas seguían contestando. Y yo supe que esa frase no era para el documental, era para alguien que todavía podía recordar.

De todos los que estábamos allí, yo era el único que no hablaba sobre ella, si no con ella.

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Geopolítica... o no de ContinuumST es el ganador de esta semana (si no la he vuelto a liar, claro)

El frío groelandés ha dejado congeladas a estas pobres neuronas sureñas, el ganador de esta semana ha sido realmente Geopolítica... o no de ContinuumST www.meneame.net/m/microrelatos/geopolitica-o-no

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Porque sigo vivo

Protesto por siglos de Historia viviendo los mismos hechos.

Protesto porque no hay abusos nuevos, sólo viejos conocidos.

Protesto porque no hay guerras instantáneas.

Protesto en silencio para que no lean mis pensamientos los mismos tiranos de siempre ahora de galaxias lejanas.

Protesto porque no nos invadieron, dijeron ser nuestros amigos y sólo trajeron las mismas esclavitudes con diferentes cadenas.

Protesto mientras leo a los mismos poetas, esos que en siglos de palabras sólo han conseguido aire caliente ascendiendo en globos de papel. 

Protesto mientras esta nave nos lleva a un futuro incierto huyendo de un planeta agotado.

Protesto porque sigo vivo.