Trump no es el primero en intervenir en la región. Sus antecesores, George Bush (padre e hijo) y Barack Obama, ya lo hicieron antes con Sadam Hussein en Irak, o con Muamar el Gadafi en Libia, autócratas cuyo derrocamiento no trajo, sin embargo, democracia o libertades a sus países, sino un periodo de guerra civil e inestabilidad que aún dura hasta nuestros días. En Siria, Estados Unidos ayudó a acabar con el autodenominado Estado Islámico, pero tras la caída de Al Asad en 2024, otros grupos islamistas tomaron el poder.
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