Cinco letras. En Ecuador. Estudiante muy aplicado.
Siete letras. Tiene una longitud de onda de entre 590 y 620 nm. [EDITADO. Perdón.]
Ocho letras. En desuso. Conducir, guiar el ganado.
Cuatro letras. Pieza plegada semicircular que está confeccionada en diferentes materiales como papel o tejido y que va montado sobre el esqueleto.
Nueve letras. Alteza o excelencia no superada en cualquier orden inmaterial.
Diez letras. Lograr el amor de alguien.
Siete letras. En Argentina. Caerse o golpearse contra algo con cierta violencia sin daño o con daño leve.
Bebió de su cognac, y paladeó su ducados, mientras la bufanda raída de su madre se apoyaba elegante sobre el chaleco de su tatarabuelo. Sentado en un sillón bajo del café intelectual, la pierna cruzada apoyada en el tobillo, desenfadado y poderoso en un mundo ceñido a sus reglas, concebido para la sutileza de la propia adoración, miraba al vacío con desdén, y ese aire de estar pensando profundamente algo que cristaliza en este justo momento.
Las RayBan de piloto de Top-Gun hubieran despertado demasiadas sospechas, pero le hubiera gustado ponérselas.
En el fondo no hacía más que impostar la realidad, los hipsters eran otros.
No necesitaba el atuendo para inventar un estilo grotesco de surrealismo pedante, y a la vez auténtico como el rocío sobre un pétalo.
Salvo quizá para encontrar a alguien como él, una rebelde Caperucita de Maldoror.
Su Bianca, mon amour, mon Italie.
Me gusta pintar cuadros
con chicles revenidos
poniendo mil sentidos
en tan bella labor.
Me gusta ver las musas
huir, acojonadas,
si añado pinceladas
de aceite de tractor.
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Me gusta que los lienzos
parezcan estropajos
con mil espumarajos,
con trozos de pulmón,
y si alguien me critica
decir que su ignorancia
no alcanza la fragancia
de tanta inspiración.
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Me gusta pintar perstes
berridos y estertores
poniendo mil colores
por ahí, al buen tun tun,
y un día, si es posible,
pintar la sodomía
en la radiografía
de una fosa común.
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Me gusta ver artistas
que van sin disimulo
de porros hasta el culo
mostrarme la verdad,
decirme que han sentido
sus vidas traspasadas
por fuertes oleadas
de amor y libertad.
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Me gusta que los hippies
se vistan de marranos
y untándose las manos
de tiza o de carbón
proclamen la grandeza
de un mundo donde el arte
no deba tomar parte
del agua y del jabón.
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Me gusta ver la vida
sin cielo y sin sentido,
oyendo el alarido
del genio en mi interior,
me gustan las ideas
que presta la cerveza
y pierdo la cabeza
por ser un gran pintor.
Feindesland. 1997.
menéame