Todos queremos volver atrás

Todos queremos volver atrás. Abrir los ojos en aquel día de playa con los pies donde marchitan las olas. Susurra la mar que serpentea pianissimo en la orilla; azul viridiano, reflejo de agosto, efigie de marfil en sus cumbres turquesa.

Martirizada mi madre, que se apoyaba sobre sus manos bajo la sombrilla, miraba al sol con los ojos entrecerrados. Color de la arena mojada, su piel de pulida mocedad, miraba despreocupada a su hijo que por un instante era feliz.

"¡No te metas mucho!", me decía aun sabiendo que lo haría. Pero no hoy, que he vuelto por un momento. Estoy aquí contigo. No dejes que me meta de nuevo en ese océano de precario porvenir. Su fondo, color de luto y fuego extinto, me eclipsa. Me da miedo. No dejes de mirarme, mamá. Nunca supe articularte mi amor. Pero ahora ya sé. Ahora soy mayor. 

Melancólico sastre que coses pena en mi alma, Dios misericordioso, dame un minuto más. ¿Dónde está mi padre? Papá, mírame tú también. Ahora soy grande como tú. Las sádicas vicisitudes de la vida han modelado mi cuerpo, pero sigo siendo tu hijo. Nunca hablamos mucho. Los callos de tus manos, valles y montañas esculpidas con dolor, posaban su angustia en el abrazo que yo te regalaba embelesado.

Cuando cierro los ojos, vuelvo al ahora. Este cuchitril de hormigón; gris ceniza, lluvia sobre el asfalto. Untado mi paladar con el sabor de la sangre y la clausura. Supongo que todos queremos volver atrás.