En 2017, varios barrios de Euskadi y Navarra amanecían con una serie de carteles desplegados en las paradas de metro y marquesinas de autobuses de sus ciudades: “Hay niñas con pene y niños con vulva. Así de sencillo. La mayoría sufre cada día porque la sociedad desconoce esta realidad”. Fue noticia en todo el país, llegó a medios internacionales y expuso una realidad que hasta entonces formaba parte de círculos privados y cerrados, convirtiéndola en debate social.
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Adherirse a la dicotomía es lo fanático.
El sexo biológico, que no es dicotómico porque tienes una gran variedad de situaciones intersex que aplican a 1 de cada 20 personas.
Y el género, que es un concepto social que en el occidente tradicional está restringido a dos pero que en numerosas culturas hay 3. Muchas personas trans intentan encargar su género y su sexo tal como pide la sociedad pero eso en numerosas ocasiones no es su caso.
Si hubieras sido adoptado por una familia afroamericana en un barrio afroamericano de usa, serías culturalmente afroamericano.
Del debate social se ha pasado a qué si estás contra esto, esto o esto, eres fascista. Para no ser fascista hoy día hay que comprar un pack cada vez más extenso.