Tras la supuesta confesión, la empleadora da de baja en la Seguridad Social a su trabajadora de hace más de 16 años, pero le pide mediante una carta que firme una baja voluntaria. Unos días después, la empleada del hogar presenta demanda por despido improcedente. Cuando S. ve que hay un juicio en marcha, intenta arreglarlo y envía un burofax a D. diciéndole que ahora sí la despide disciplinariamente. La sentencia indica que el primer despido es improcedente y aseguran que el segundo despido no sirve para arreglar el primero.
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Qué fácil lo hubiera tenido la empleadora, graba la confesión, denuncia a la policía, identificación por parte de la policía de quien vendió la cubertería, si no fue ella directamente, se la relaciona y ahí despido disciplinario con todas las de la ley.