El premio leopardo

El maestro Cheng continuó con la fábula del Emperador Naranja.

—En todo el reino era sabido que su maldad solo era superada por su estupidez, pero aun así era popular entre la plebe, pues confundían la crueldad con el valor y los argumentos débiles con la sinceridad.

Cuando decidió expulsar a los pelirrojos del reino, el joven Pelodefuego se esforzó en pregonar las bondades de su líder y de sus ideas, pues estaba seguro de que solo se refería a aquellos de los suyos que tuviesen mal corazón. Cuando Pelodefuego fue desterrado al país de los leopardos comecaras, junto con el resto, lloró amargamente por su desdicha, pero jamás se arrepintió de sus actos.

—Dime, joven alumno, ¿qué lección extraes?

—Que hay que ir full con tus ideas, bro. En plan nunca abandones tus sueños.

Aquel día, el maestro Cheng decidió rendirse y jubilarse.