El mito de la envidia eterna (#FuturoImperfecto 2)

Un día lo comprendí. Vivimos en una jaula de conceptos. Solamente trazamos conexiones entre abstracciones ya conocidas, jugando con los símbolos en un vacío insondable. No hay nada más allá. Que un árbol caiga en el bosque no asusta a las mariposas australes, porque son sólo palabras.

La solución del acertijo podría ser otra, y no la sombra de las llamas sobre la roca.

Observo un manto ultravioleta de praderas invertebradas, y no puedo sino pensar si en realidad serán azules, o rosadas, marrones o irisadas.

No soy más que un esclavo de mis sentidos, y de los arquetipos que se desprenden de lo que éstos me permiten conocer.

Quizá una suavidad desconocida será inasible a mi pensamiento, desconocida y desconocible, porque ni siquiera la puedo comprender.

El solipsismo de una red de contrapesos irreales lastrados por un estímulo inicial que viene de ninguna parte.

No hay nada más allá.