El gran obstáculo del hidrógeno verde radica en su transporte, un desafío técnico y económico que condiciona su integración en la movilidad eléctrica. Debido a su baja densidad energética volumétrica, transportar hidrógeno requiere esfuerzos extraordinarios: licuarlo a -253 °C o comprimirlo hasta 700 bar para que pueda moverse en cantidades útiles. Esto implica infraestructuras complejas, estaciones de compresión, tuberías reforzadas o vehículos especializados, lo que aumenta los costes significativamente.
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