—Estoy leyendo 1984. La versión buena, la legal, claro. Treinta páginas, un tocho. Menos mal que el bando de la libertad ganó la Big and Beautiful World War y nos ahorró ese futuro distópico de control y miseria. Y de hacernos maricas.
—Te recuerdo que estamos chateando a través del Neuralink instalado en nuestros cerebros, que es una conversación monitorizada y que yo te escribo desde un campo de trabajo.
—Entraste voluntariamente.
—El mercado me reguló. Necesitaba un plato de comida y un techo. El implante era obligatorio para acceder al privilegio voluntario del trabajo forzado. Pero tú, que hasta tienes tu propia casa microcápsula y un contrato semifijo de asistente de robot, ¿por qué te implantaste esta mierda?
—Es normal que te vaya tan mal: no sabes aprovechar las oportunidades. Me ofrecieron conexión 12G y toda La Liga gratis.