La clase trabajadora es la gran perdedora en esta ecuación. Mientras los salarios reales se estancan o caen –con una inflación que muerde especialmente en los hogares de renta baja–, los directivos de la industria armamentística celebran bonos millonarios. Rheinmetall, por citar un caso, ha multiplicado por diez sus beneficios desde 2022. En las calles de Berlín, donde Rutte habló hoy, las manifestaciones contra la guerra y por la paz social ya claman por un giro: Europa no necesita más tanques, sino bienestar.
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