Encontré en el armario de mi tío Pepe un abrigo negro de cuero. Largo. Con grandes solapas.
En los cincuenta, le llamaban el alemán por ponérselo. O el nazi.
En los sesenta le llamaban muerto de hambre, por seguír poniéndoselo.
A finales de los setenta y proincipios de los ochenta, le llamaban Darth Vader.
En los ochenta se lo ponía su hija, y llamaban vampiresa. Le quedaba mejor que al tío, porque ella era mucho más alta, todo hay que decirlo, y medio pelirroja.
En los dos mil, se lo puso el nieto de el tío Pepe y lo llamaban rocker. O metalero, o ya no sé muy bien qué, pero algi relacionado con un grupo d eemúsica que tenía el chaval con sus colegas.
Ahora, he regresado a la casa del pueblo, casi en ruinas, y he encontrado el puto abrigo. Me lo puse un día, por echarme unas risas, y me han llamado hipster ¿Será la suma de todo lo anterior?
Dicen que no, pero yo creo que sí...
Y espera a ver lo que le llaman a mi hijo cuando se lo ponga dentro de diez años o quince. A ver si hay suerte y llego a verlo...
Caldo de verduras y arroz integral con verduras...
(Tengo miedo, es arroz, no paella)

Esto requiere explicación. En primavera verano, cuando cosecho la huerta para poder tener cosas todo el año, escaldo algunas cosas, las embaso al vacío y las congelo.
Así que primer paso descongelar, en agua del tiempo.

Tomillo limón y Romero recién recogidos. Me pillé una pingadura de puta madre...
Primera receta, el caldo:

En una olla, echar cuatro ajos aplastaos y darles vueltinas un minutín.

Una cebolla (en este caso y media, porque estaba por ahí rondando y fue a la cazuela también) 3 puerros y dos zanahorias (Que las podéis echar en trozos grandes)
Revolveis unos minutullos y echáis medio vaso de vino blanco. Y lo dejáis hasta que haga chup chup.

Y procedemos a meter el romero, tomillo, laurel y azafrán (acordaos que el azafrán se tiene que disolver un poco en agua caliente)
Y otra aclaración, en este punto se debería añadir sal. Yo no lo hago. Lo que sobre va a ir a la compostera. Amén que hago bastante cantidad para lo que sobre congelar y usar en otras recetas. Y es mejor sin sal, para luego no liarla en el futuro.

Litro y medio de agua caliente y tapar. Y ahí lo dejáis hasta que se aburra o lo necesiteis.

Está rico! Yo lo uso para otras recetas, pero también vale para calentar el alma.
Segunda receta, el arroz:
(Al ser arroz integral, por experiencia y experimentación. Lo suelo dejar a remojo en agua caliente un par de horas antes de ponerme a trajinar)

En una sartén grande poner a dorar una cabeza de ajo picadín.

Bastante antes de que churrusque, meter una cebolla cortada chiquitina e ir removiendo de tanto en tanto.

Y meter pimiento y en Asturias son fréjoles, una vez más pregunte en castellano y son judías verdes planas.

Mientras las verduras están ahí a sus cosas. Hay que rallar un tómate.
Os parecerá una gilipollez, pero descubrí no hace tanto que esta es la forma correcta de hacerlo, en esa infraestructura. Quizás le valga la info a algún despistadillo como yo.

Volvemos a lo otro: antes de echar el tomate echar vino blanco o licorcillo chachi. Yo solo tenía licor café y no me pareció.
Y después del chup chup le echáis el tomate. Revólver y dejar un poco a que se evapore el líquido. Y sal!!!

Lavar arroz y a la cazuela. Mezclar bien.

Cubrir de caldo. Hay que estar pendientes e ir metiendo más caldo a medida que se vaya quedando sin líquido. El arroz integral no funciona como el otro. Así que esto lleva un buen rato.

Un par de minutos antes de acabar, poner unas ramas de tomillo y romero. Cuando pase el tiempo tapar con un trapín 10 minutinos y a comer.


Cuenta la leyenda que existía una bola de fuego en el cielo...
Se acicaló la barba, se puso las gafas de pasta (sin graduación), su chaqueta de franela y tirantes. Cogió su bicicleta, guardó su diccionario de esperanto en la mochila, y quedó con sus amigos, que se habían acicalado la barba, con sus gafas y con su franela y tirantes, que también habían venido en bici. Y se sentían especiales y auténticos, no como esa gente que sigue las modas que les dictan.
menéame