Clinton creyó que era la oportunidad propicia y reunión a Arafat y Barak en Camp David. Pero esta vez, el palestino no cedió como había hecho en Oslo y sus interlocutores terminaron culpándolo de haber rechazado una “generosa oferta” y de no estar realmente dispuesto a hacer la paz.
Ese es uno de los grandes argumentos de la propaganda israelí: en su narrativa, una y otra vez Tel Aviv ha presentado propuestas razonables que los palestinos siempre declinaron, y en Camp David de nuevo dejaban perder una oportunidad histórica, lo que demuestra que no se puede hacer con ellos nada más que aplastarlos militarmente.
La historia detrás de la historia: Clinton, extorsionado
Clinton aspiraba a ponerse la medalla de haber consumado la paz, una equiparable a la que obtuvo Jimmy Carter con los Acuerdos de 1978 también en Camp David, que terminó con las disputas entre Egipto e Israel. Sería uno de los grandes éxitos de su administración.
Pero con su equipo, trabajó más para Israel que para lograr un acuerdo que pudiera ser firmado. Ni siquiera presentó propuestas aceptables. Le exigían a Arafat renuncias que hubieran destruido no solo su liderazgo, sino su imagen en la historia de su pueblo.
Durante la administración Clinton, Israel buscaba la liberación de Jonathan Pollard, un analista estadounidense convicto en 1987 por entregarle grandes cantidades de información secreta a Israel, en un caso de espionaje sobre EEUU tan vergonzoso que Tel Aviv por años insistió en pedir “sinceras” disculpas y jurar que no volvería a abusar de la confianza de Washington al mismo tiempo en que, en casa, ensalzaba al traidor como héroe; también le interesaba detener la cacería lanzada por el FBI sobre un espía israelí denominado “Mega”; y lo más importante de todo, quería evitar un acuerdo final con los palestinos sin asumir la responsabilidad.
Halper, que asegura que los israelíes intervinieron cuatro líneas telefónicas de la Casa Blanca para transmitir datos en tiempo real a su país, se basa en entrevistas on the record con exfuncionarios y en el análisis minucioso de lo que llama “los archivos Monica”: cientos de páginas de documentos recopilados como contingencia para usar en caso de que la exbecaria alguna vez se viera involucrada en una acción legal contra Clinton.
#1 donde dejan la llave de los pisos turísticos, van con un código, lo pones y ya tienes la llave, así se ahorran tener que dar la llave y se ahorran trabajo.
Un triple efecto de la Niña consecutivo no se veía en muchos años. Desde los '50 sólo ha pasado tres veces. Esperemos que no abramos una nueva estadística con un cuádruple consecutivo. Aunque todo parece indicar que en febrero se debilita la Niña...
#2 A carburación, en España no puedes pasarlos a gas. Sólo puedes coches gasolina EuroIV (2001 en adelante)
Otra norma sin sentido. En Inglaterra por ejemplo sí puedes pasar tu viejo Land Rover carburación a gas (bajando una burrada las emisiones). En Alemania le puedes poner una catalizador a un carburación y mejorar la clasificación de tu coche.
Aquí no. No soy amigo de teorías conspiranoias, pero parece que aquí prima solo vender nuevo.
Ese es uno de los grandes argumentos de la propaganda israelí: en su narrativa, una y otra vez Tel Aviv ha presentado propuestas razonables que los palestinos siempre declinaron, y en Camp David de nuevo dejaban perder una oportunidad histórica, lo que demuestra que no se puede hacer con ellos nada más que aplastarlos militarmente.
La historia detrás de la historia: Clinton, extorsionado
Clinton aspiraba a ponerse la medalla de haber consumado la paz, una equiparable a la que obtuvo Jimmy Carter con los Acuerdos de 1978 también en Camp David, que terminó con las disputas entre Egipto e Israel. Sería uno de los grandes éxitos de su administración.
Pero con su equipo, trabajó más para Israel que para lograr un acuerdo que pudiera ser firmado. Ni siquiera presentó propuestas aceptables. Le exigían a Arafat renuncias que hubieran destruido no solo su liderazgo, sino su imagen en la historia de su pueblo.
Durante la administración Clinton, Israel buscaba la liberación de Jonathan Pollard, un analista estadounidense convicto en 1987 por entregarle grandes cantidades de información secreta a Israel, en un caso de espionaje sobre EEUU tan vergonzoso que Tel Aviv por años insistió en pedir “sinceras” disculpas y jurar que no volvería a abusar de la confianza de Washington al mismo tiempo en que, en casa, ensalzaba al traidor como héroe; también le interesaba detener la cacería lanzada por el FBI sobre un espía israelí denominado “Mega”; y lo más importante de todo, quería evitar un acuerdo final con los palestinos sin asumir la responsabilidad.
Halper, que asegura que los israelíes intervinieron cuatro líneas telefónicas de la Casa Blanca para transmitir datos en tiempo real a su país, se basa en entrevistas on the record con exfuncionarios y en el análisis minucioso de lo que llama “los archivos Monica”: cientos de páginas de documentos recopilados como contingencia para usar en caso de que la exbecaria alguna vez se viera involucrada en una acción legal contra Clinton.