Testamento divino

Hola, Nacho. Te escribe Dios, tu antecesor. Aunque no siempre lo fui. Nací humano, igual que tú. Un día descubrí que tenía el poder, pero nadie me dio instrucciones sobre cómo usarlo. Espero que estas líneas a ti sí te sean de ayuda.

Tu poder es inmenso, y eres inmortal. Podrías crear galaxias de la nada, o destruirlas, conocer todos los secretos del universo, leer mentes, forzar voluntades. Separarte de tu cuerpo, que ya no necesitas. Parar el tiempo… Podría seguir aunque tampoco quiero privarte del placer de explorar tus posibilidades. Pero tienes tres limitaciones.

Primero, aunque también puedes viajar atrás en el tiempo, y por tanto corregir cualquier error que creas haber cometido, no puedes retroceder hasta antes de adquirir tu poder (esta misma mañana), ni usarlo para saber qué sucedió antes de ese instante. Eso tendrás que deducirlo. Nunca cambiarás el pasado anterior a hoy, cuando empezaste a leer esta carta.

Segundo, no puedes olvidar, y esa es tu mayor desventaja. Sentirás la tentación de causar sufrimiento a quienes lo merezcan, o a veces no, pero si cedes, nunca serás el mismo. Podrás deshacerlo, pero nunca olvidarlo. Y es la peor droga. Cada vez que lo hagas, a la siguiente ocasión te resultará más sencillo provocarlo. Terminas volviéndote insensible al sufrimiento. Créeme, lo sé. He perdido la cuenta de las veces que he destruido el mundo, harto de todo (es una forma de hablar, sé exactamente las veces que lo he destruido, 523. No puedo olvidar). Siempre he vuelto atrás, y también lo he salvado de la destrucción unas cuantas, el universo que me legaron era más peligroso de lo que parecía, y lo sigue siendo, como comprobarás. El caso es que llega un momento en que te das cuenta de que esa insensibilidad te hace poco idóneo para seguir “al mando”. Que es el punto en el que estoy yo. Este es por tanto mi primer consejo: evita hacer sufrir a nadie. Ni siquiera a quienes se lo merecen.

El segundo consejo está muy relacionado: no te sientas responsable de todo el sufrimiento que hay en el mundo, sólo porque tengas el poder para evitarlo. No sólo es un trabajo sin fin, sino que resulta contraproducente, crees que has hecho algo bueno y luego ves todas las ramificaciones indeseadas y te sientes culpable, y vuelves para atrás una y otra vez, y siempre hay consecuencias, y a base de volver para atrás no se avanza. Además la humanidad sólo saca lo mejor de sí misma cuando está expuesta a situaciones límite. No hay mal que por bien no venga, ni bien que no derive en algún mal posterior. Sólo asegúrate de que sigue adelante. Porque el universo es un lugar mucho más aburrido sin ellos. Y eso también lo sé. Desconozco qué antecesor nuestro hizo posible que surgiese la humanidad, pero cómo me alegro de que lo hiciera.

Mi tercer consejo es que pases desapercibido. Éste no es tan importante como los anteriores, puedes coquetear con la idea de la fama, también es divertido a veces, ir por ahí de superhéroe (¿sabes que Supermán está basado en mí? Fui en plan supermán algún tiempo, aunque luego volví atrás y lo deshice todo. Pero me resultó gracioso pasarle la idea a Joe Schuster y convertirlo en un personaje de ficción). Te aconsejo lo de pasar desapercibido sólo por ahorrarte tiempo, pues seguro que terminarías volviendo atrás a cuando nadie te conocía. Es imposible ser tan perfecto que nadie te odie, y saber que te odian desgasta mucho. También habrá quien cometa o intente cometer atrocidades sólo por llamar tu atención. En mi experiencia, es contraproducente. Déjales que sigan creyendo que están solos.

Aún no te he hablado de la tercera limitación. No puedes crear a otros como tú. No puedes darle “poderes” a un humano y seguir al mando. Puedes hacerle creer que los tiene, pero serás tú quien realmente obre cada milagro que desafíe las leyes del universo, y que tampoco puedes cambiar, no sin destruir a la humanidad. Lo que sí puedes hacer es “pasar el testigo”. Como estoy haciendo yo ahora contigo, aunque a costa de perder el poder, e imagino, de desaparecer.

No sé qué es lo que me espera cuando desaparezca, si es que me espera algo. Quiero creer que existe un creador superior, un responsable de que tú, yo y quienes nos antecedieron, hayamos existido. Alguien que nos supervisa incluso a nosotros y nos ha impuesto las limitaciones. Pero eso es territorio de la fe. No puedo saberlo.

Me despido para siempre, pues no volverás a tener noticias de mí. Buena suerte.

Murphy.