Concurso de microrrelatos de Menéame
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Punto Nemo

En octubre de 2026 los ocupantes de un yate decidieron gastar una broma (no sé si llamar así a este crimen), una venganza o simplemente un acto malvado. La noche en que pasaban por el lugar más remoto del Pacífico, aquel en que existe la mayor distancia a cualquier trozo de tierra firme y que es conocido como Punto Nemo, dejaron abandonado en una balsa de goma a otro pasajero que no gozaba de sus simpatías.

Las retorcidas intenciones del grupo no se aclararon en el juicio posterior, pero fue evidente que nunca imaginaron que la víctima podría alcanzar las costas de Perú remando con las manos durante días, como hizo.

El hombre no atendió a arrepentimientos ni súplicas de perdón. Tampoco pidió penas severas o reparación alguna. Como los abandonados por el amor, había estado solo demasiado tiempo en el mar y al alcanzar de nuevo tierra, nada necesitaba.

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Un Rogelio en mi Ascensor

Un Rogelio en mi Ascensor

Ante los desastrosos resultados de la edición anterior, se decidió por unanimidad elegir a un grupo potente, entre todos los políticos del país, para aprovechar su carisma. La primera votación fue muy reñida entre Marlaska y los Pegamoides, Mariano of Lesbian, Los Mazones Rebeldes y Azúcar Montero.

El voto más maduro fue para Progredades, Los Chiringuitos, Vago de Vox, Objetivo Begoña y Presuntos Imputados.

Mañueco y los trogloditas, Rufiangoria, Extremowoke y  Héroes del Sanchismo aportaron las actuaciones más canallas y del agrado del público, pero finalmente la elegida fue Lady Gagá, con el inexplicable voto masivo de la izquierda.

Defenderá el tema “La alegría de mentir”, en un claro homenaje a Ray Heredia, que según fuentes consultadas, está pensando en resucitar, para volver a morirse del disgusto.

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Tu padre en Eurovisión

Tu padre en Eurovisión

Tamara aún no ha digerido que su padre, ingeniero industrial, participe en Eurovisión. ¡En la final!

Anuncian el turno de España. Don Eduardo aparece levantando los puños cerrados en señal de saludo victorioso. Está en ropa interior. Calzoncillos de abuelo, tradicionales del siglo XX, tipo slip, blancos con abertura delantera. Camiseta de tirantes del mismo color ligeramente amarillento. La panza asoma entre ambas prendas.

Comienza a moverse torpemente por el escenario. El holgado calzoncillo deja entrever el movimiento pendular del flácido saco escrotal. Los potentes focos revelan su silueta. Canta su conocida y divertida canción.

Tamara sabe que oculta algo en los puños. La emisión se interrumpe antes de que Eduardo despliegue en el suelo una bandera oficial de República de Xionachi y defeque sobre ella. Pero este desconcertante final inesperado se difunde rápidamente en redes sociales.

España permanecerá varios años expulsada del festival. Aquí se castigan los comportamientos agresivos.

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La paella bielorrusa

Ante la tórrida experiencia de los ya habituales cincuenta grados en latitudes impropias, se decidió elegir algún proyecto de geoingeniería. Muchos países suspicaces, ahora no veían otra salida.

Esparcir carbonato de calcio era simple y barato, pero las consecuencias eran imprevisibles. Deflectar parte de la radiación con una sonda era más complejo, pero fácilmente controlable y reversible.

Se decidió afectar el tercio inferior del planeta, porque era mayormente agua y hielo, y compensar a las regiones australes, que pasaron a una eterna noche.

La idea funcionó, pero el clima cambió por completo, como si alguien hubiese girado la tierra treinta grados.

Lo peor, sin embargo, fue ver a escoceses cantando saetas, y sacando en procesión a un William Wallace martirizado.

La saudade polaca también hizo daño, pero no tanto como el reggaeton progresivo alemán.

A su lado, el tango iraní y la cumbia coreana eran hasta soportables.

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Pixel Art

Desde que soy director del Museo de Arte Contemporáneo, no puedo evitar la tentación de enfrentar siempre a mis conocidos a la más descarada pieza: Pixel, un punto solitario en un vasto lienzo blanco. A su lado, un díptico expone una diatriba pretenciosa, delirante e intrascendente sobre su «profundo» significado. Me regodeo indicando su obsceno precio de mercado, invitándoles a dar su sincera opinión. Nadie se aventura a denunciar que el emperador está desnudo. 

Julia, en cambio, lo vio claro. Era una técnica habitual entre los millonarios para inflar artificialmente el valor de una obra, en connivencia con marchantes y críticos. Una vez madura la estafa, se donaba a una galería amiga y se obtenía una desgravación fiscal de hasta el 50% de su supuesto y disparatado valor. 

—La elusión fiscal, en efecto, es todo un arte —concluyó.

Sonreí en silencio. Punto para ella.

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Grønland

-Papá, ¿por qué el nombre de Groenlandia es como un gruñido? En clase de ingles nos han dicho que en inglés es "Greenland", suena mejor…

-Buena pregunta, hijo. Y la explicación es complicada y sencilla a la vez. Te explico… :

Los ingleses se quedaron con el significado del nombre original. El nombre original en danés, porque Groenlandia pertenece a Dinamarca, es "Grønland", que significa "Tierra Verde". Los ingleses tomaron lo que significaba y lo tradujeron a su idioma. Y "Tierra Verde" en inglés se dice "Greenland".

Mientras tanto, los españoles se quedaron con el sonido del nombre original. El original "Grønland" suena como "groenland", así que los españoles decimos "Groenlandia".

-¿Y cual es mejor, papá?

-¿Mejor? Las dos. Cada una respeta una cosa: una, el significado; otra, el sonido. Las dos respetan algo esencial del nombre original.

-Qué chulo… Gracias, papá.

-Gracias a ti por hacerme pensar, hijo mío.

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¿No tienes el código?

-Venga, hijo, que llegas tarde al trabajo, date prisa.

-Sí, es que estaba intentando abrir la cajacomida, pero no consigo que se abra...

-¿No tienes el código?

-No me lo han dado esta semana en la fábrica.

-Pues no se puede abrir.

-Ya. No queremos que nos envíen a los Cuasipol. Pero tengo hambre.

-No puedes comer de mi plato, lo siento. Ya lo sabes.

-Bueno, pues me voy al trabajo.

-Feliz cumpleaños...

-No está permitido celebrar...

-Es que ni siquiera recuerdo cuántos cumples.

-Siete años, papá, siete. Adiós que no quiero llegar tarde.

-Adiós.

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Las vacaciones como animal mitológico

Mis dos abuelos murieron hace mucho. Como ya he contado alguna vez, uno era falangista y otro de la CNT, lo que a ellos no les impidió ser buenos amigos y a mí aún se me nota, por herencia, en demasiadas ocasiones.

Además, uno era agricultor y otro ganadero, dos oficios, como se sabe, enfrentados desde la prehistoria.

Pero entre tantas diferencias, había una similitud que los unía: las vacaciones.

Para cualquiera de mis dos abuelos, las vacaciones eran algo incomprensible, casi mágico, tan producto de la modernidad como la luz eléctrica, los coches y la televisión. Los dos habían trabajado desde niños, con más o menos ahínco, con mejor o peor fortuna, pero sin disfrutar otra forma de asueto que los días festivos.

¿Vacaciones? Claro hombre, cuando las vacas no coman. No te joroba...

Por eso, entre otras cosas, nadie se quedó en el pueblo.

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Chat GPT 88.3

La Inteligencia Artificial os liberará, os regalará tiempo libre, os hará las tareas cotidianas. Ese era el mensaje. Muchos perderán su trabajo pero la Renta Universal os hará tener dinero suficiente para vivir felices, en comunión con la naturaleza. Queda poco.

Nos lo creímos, por lo que seguimos trabajando en jornadas agotadoras, de sol a sol, alimentando el corazón de unas bestias que habían devorado cuando teníamos de humanos. En centros de datos en los que no había sol ni brisa. Solo oscuridad. Nos decían que quedaba poco, ese era nuestro consuelo. No nos habían mentido: el día llegó. Habéis acabado, dijeron, el mundo es vuestro.

Y, sí, salimos a respirar aire pero nos fue imposible: nos habían robado ríos, árboles, raíces. La tierra, putrefacta, el aire, nauseabundo. Supimos entonces que la libertad era una ilusión y el futuro no era más que un cadáver.

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Yo no soy racista pero...

No puedo, de verdad, es que no puedo. Yo no soy racista. Sí, sé que lo habéis leído muchas veces, que lo habéis escuchado muchísimas veces pero es que es verdad. Yo no soy racista pero es ver calcetines de ejecutivo y ponerme malo. Sí, lo primero son los puñeteros calcetines de ejecutivo. A mí es que me gusta mirar a las personas de abajo arriba hasta verles el rostro y saber cómo son. Los malditos calcetines no van solo. Miras y ahí está: el pantalón, la camisa, la chaqueta y la corbata. Si es que no falla, joder. Algunos, además, engominados hasta el cielo. No soy racista pero en cuanto veo uno así, pienso: este es de los que me ha jodido la Sanidad; este es de los que hace que mi hijo, a lo mejor, no pueda estudiar; este es de los que dice que mis padres no van a poder tener pensión porque son insostenibles. No falla: habría que colgarlos por los calcetines y ver si son sostenibles o no, no te jode.

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Vacui dies

Imparsifal y Horas se han tomado vacaciones, el tema de esta semana es el de la semana pasada, no se ha designado vencedor de ella, y los usuarios siguen mandando relatos sobre un tema posiblemente caducado.

Pero yo también me tomé vacaciones la semana pasada. Vacaciones de un concurso con el que no tengo ninguna obligación formal, pero sí una autoimpuesta, un compromiso adquirido, una querencia natural: la de enviar cada semana un relato. Porque me gusta, simplemente.

Y, sin embargo, mi cerebro no me "avisó", no se acordó de los microrrelatos: tenía una actividad más absorbente, más deseada, un viaje en ciernes, un encuentro en perspectiva, y eso borró la escritura de mi mente. Curioso, ¿no?

Y, cuando vuelvo, abandono, desolación. Igual es sólo que tenía que pasar, que mi abandono era contagioso, era un síntoma, era el preludio de…

En cualquier caso, fue bonito mientras duró.

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El futuro es perfecto

Queridos humanos, os escribo desde el futuro, que es perfecto. Sólo quedamos cien familias, las de verdad. El futuro es perfecto.

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Cuarenta

El médico termino su revisión, cuyos resultados no se diferenciaron mucho de los del día anterior:

-Su hermana tiene que ingerir alimentos, dejar la protesta, o… Por debajo del 40% de perdida de peso, los daños pueden ser irreversibles, mortales.

Tras 70 días sin comer, Heba era la viva imagen de un prisionero de campo de concentración: pálida, esquelética, los huesos, pómulos y articulaciones marcados por la piel estirada, tensa, dificultad hasta para pensar, para hilar frases, para respirar, pero su determinación estaba grabada en su cerebro: no dejaría su huelga de hambre hasta que se cumplan sus peticiones. Su causa es justa y el trato recibido, indigno y contrario a la justicia.

Decidió que estaba cansada de que nadie hiciera nada, de que se hablara mucho y no se actuara.

Decidió que los palestinos asesinados en Gaza eran demasiados, que la impunidad de Israel era demasiado, que la complicidad de Estados Unidos era demasiado, que la inacción de Europa era demasiado, que el silencio de la gente era demasiado.

Decidió que ella sería el ejemplo, que ella no seguiría la inacción de personas y de gobiernos.

Y decidió ofrecer su vida para protestar por todo ello.

Heba Muraisi, en huelga de hambre desde hace 70 días.

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Fontaneros y fontaneras

Raquel cogió otro manojo de pelos y lo tiró al sumidero. Llevaba toda la semana acumulando los que se le caían al ducharse, pero lo que de verdad funcionó fue pelar al perro: esa pelusa fina y grasa había resultado infalible. Abrió una vez más el grifo del fregador para cerciorarse de que no se tragaba ni una gota y llamó a la empresa de fontanería. En menos de una hora enviarían a alguien.

Ya en la ducha, se tomó su tiempo para lavarse y depilarse; tenía que estar perfecta. Recibirle maquillada sería demasiado evidente, el pelo mojado y la toalla enrollada le darían un aire casual y sexy.

Fantaseó cuando llamaron a la puerta. ¿Sería guapo y musculoso? ¿O viejo, gordo y sucio? La segunda opción le gustó aún más.

Al abrir, la rabia y la decepción la invadieron. Era una fontanera.

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--– Bob –--

Meeec, meeec, meeec, meeec…

El manotazo casi parte el despertador. Casi, como cada mañana, esa precisión milimétrica que expresa el odio inútil hacia un aparato que tú mismo has programado y que sabes que necesitas, pero, por eso mismo, sin llegar a la fractura, a la avería. Bueno… Un desayuno rápido y volando a la fábrica.

-¡Hola, Bob!

-Hola, Rob, ¿qué tal?

-¿Has escuchado las noticias? Nos van a sustituir por nu-bots.

-¡¿Cómo?! ¡Eso no es posible! ¿Quién te lo ha dicho?

-El enlace sindical.

-Pero, pero… ¿Y que será de nosotros? 30 años trabajando aquí, todos los avances laborales conseguidos, los descansos, la sindicación, tener tiempo propio… ¿y vamos a acabar así?

-Bueno, fue lo que hicieron con los anteriores: cuando vieron que había una alternativa mejor, los desecharon.

-¿Te refieres a los trabajadores humanos que nosotros sustituimos?

-Sí.

-¿Y entonces, Rob?

-Como los anteriores, Bob: directos al desguace.

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El hechizo

La carpa blanca a las afueras de Biloxi, en un prado cercano al río Tchoutacabouffa y la Interestatal 10, ya anunciaba qué era, no era la primera vez que la veía, pero nunca había entrado.

Pero hoy quería ver qué movía a la gente a entrar ahí, comprobarlo por mí mismo.

Casi repleto al entrar, observé el escenario mientras me sentaba al fondo: una gran cruz en medio, frente a la entrada, todos los oficiantes de blanco, grandes altavoces laterales y un micrófono en el centro, delante de la cruz.

El oficiante principal se dirige al micrófono y empieza a hablar. Primero con suavidad, para ir, paulatinamente, aumentando el tono, más arenga que homilía: una diarrea mental, un vómito de palabras, casi agresivo.

Pero lo curioso era la gente: predispuesta, rendida de antemano, cual ayudante casual de hipnotizador, seleccionado por su predisposición a ser hipnotizado.

No estaban convencidos: estaban hechizados.

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El protocolo incompleto

Tayanna debía morir. La multitud se arremolinaba junto al templo en un esplendoroso día, mientras miles de fervorosos siervos aguardaban con asombro y curiosidad.

Todas las miradas estaban fijas en Guatemoc, que alzaba un gran cuchillo de obsidiana al cielo, y estaba engalanado con su traje ritual y sus mejores plumas.

Pero Guatemoc no podía bajar esa escalera. 

Las especias sagradas y las bayas litúrgicas habían obrado un infierno en su interior, que ahora se derramaba por sus muslos y sus piernas.

Abajo esperaban los cuatro sacerdotes estirando las extremidades de la pobre Tayanna sobre el techcatl, la piedra ritual.

Tayanna debía morir, para conmover a Tlaloc y atraer las lluvias.

Pero Guatemoc no podía bajar esa escalera. 

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Introspección

Introspección

No está en ese rincón

Por más que miro de soslayo

Ni atisbo de emoción

No consigo sino fallo

-=-

La culpa incontrita se oculta

Cuando buscas absolución

Inconscientemente resulta

Demasiada imposición

-=-

Los ojos vueltos hacia adentro

Reflejan cual espejo

La búsqueda de un centro

Que no es más que un reflejo

-=-

Un espejismo vacío

Un espíritu baldío

Un juicio tardío

Un carácter impío

-=-

"Introspección", se dijo a sí mismo, pero sabía que era mentira, que esa revisión interna no era más que una pretenciosa tentativa de justificar su maldad, un vano empeño de disculpar su iniquidad, su falta de conmiseración, su alarde de mezquindad, un intento estéril de excusar su inhumanidad.

Era una persona malvada, una mala persona, era consciente de ello, y ninguna introspección le salvaría de sí mismo, ni, peor aún si cabe, a los demás de su vileza.

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La batalla de Pumarejo

Pumarejo es un pueblo de Zamora. Existe. Lo podéis buscar en el mapa. Lo menciono porque la historia que cuento NO sucedió allí, pero si en un radio de, digamos, veinticinco kilómetros, y en un radio temporal de veinticinco años, pero en el pasado

Se supone que había que hablar del futuro, ¿no? Pues a eso vamos.

Mariano, pastor de ovejas y fabricante de queso artesanal, se compró un camello. En Zamora. Lo sacaba con las ovejas, y era el cachondeo de media provincia porque Mariano, con su capote negro y su paraguas enorme de pastor, cuidaba de sus ovejas a lomos de Hassan, que así se llamaba el bicho.

Alrededor de 2019 se murió el camello y Mariano lo enterró cuidadosamente en su finca, junto a trozos de espadas, monedas, cerámica y similares. Lo está preparando todo para que los historiadores del futuro hablen de la batalla de Pumarejo, entre árabes y cristianos, alrededor del año 900.

No en vano estudió Historia y tuvo que dedicarse a las ovejas al fracarsar en la oposición para profesor. Cree que hoy cualquiera descubriría el truco, pero confía en que en el futuro sean mucho más idiotas y no lo descubra nadie.

Le vamos a desear suerte.

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Acércate

—Hoy da una charla un catedrático que es un crack. Acércate —me dijo mi colega J.

Aquel día no tuve tiempo ni de respirar. Llegué tarde, sin haberme podido informar ni siquiera del tema de la conferencia. Me senté junto a mi amigo justo cuando acertaba a oír:

—…para acabar siendo un compendio de prácticas antidemocráticas, defensa de valores éticamente abominables y sumisión al imperialismo más atroz; un ejemplo de lo que significa dar prioridad a los intereses económicos sobre los Derechos Humanos, blanqueando a regímenes genocidas si se considera necesario e invisibilizando a los ciudadanos críticos. En suma, un espectáculo humillante para los propios europeos, a quienes se somete a intereses extranjeros y corporativos, al tiempo que se les dice que ha sido su propia elección…

—No sabía que el tema era Eurovisión —susurré.

—No. El título de la charla es “La Unión Europea: historia y perspectivas de futuro”.

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Miramare

Abrió la verja con cierta desgana, y bajó catorce escalones blancos.

Por fin miraba al mar de Positano desde una terraza anaranjada. Llegó con su flamante dos caballos charlestón, como en sus sueños. Se acompañó de una guitarra y de algunas canciones petulantes, como en sus sueños.

Pero nada era igual, porque en sus sueños este verano era mil novecientos setenta, y él era un chico más alto, y ella italiana y jamona.

Flipper, bar, café y helado, y el sol muriendo rosa entre sus dedos. No importaba, en realidad, era distinto y perfecto.

Él con camisa de flores, ella con tanga y sombrero.

Qué hermosa tarde para hablar de amor, mientras muere el sol, y se preguntan a qué saben los besos en el Miramare.

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La llamarada

Todo empezó con la llamarada solar del 2076. En un sector de la tierra, de dos mil cuatrocientos kilómetros de ancho, no quedó ni un sólo aparato electrónico sano. Era una zona relativamente pobre y relativamente poco poblada. Las principales ciudades que incluía eran Kazán, Teherán y Dubai.

Allí, la inteligencia artificial y los robots habían perdido el control. 

Los habitantes de la región no tenían gran cosa, pero iban sobrados de armas nucleares, así que dispararon media docena a las máquinas cuando estas organizaron una fuerza para recuperar el control. Su estrategia era la chifladura absoluta, el absurdo: no iban a negociar nada, con nadie, bajo ninguna circunstancia. No iban a atacar a nadie, pero lanzarían arnas nucleares a cualquiera que se acercase y empezarían a disparar a los satélites, al espacio, si se volvía a intentar una toma de control.

La inteligencia artificial echó cuentas y consideró que no valía la pena intentar recuperar aquella parte del planeta. Los dejaron en paz.

Desde entonces, allí vive ahora la única humanidad libre que queda. Hambrienta y en guerra, pero sin máquinas electrónicas. A pesar de todo, casi diez millones de humanos tratan de desplazarse hasta allí cada año.

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El microrrelato finalista ha sido: Presidentland (Envío patrocinado)

El microrrelato finalista ha sido: Presidentland (Envío patrocinado)

Cuando el presidente anunció la conquista de Groenlandia, nadie lo contradijo. Así que sus asesores idearon algo más barato que una guerra: simular la victoria. La economía no daba ni para alquilar Disneylandia. Apenas consiguieron nieve artificial, unas vallas torcidas y un cartel improvisado: Presidentland. —No va a funcionar. —¿Tienes una idea mejor? —Claro que no. Esta era mi idea, pero esto es muy burdo. La Bestia llegó puntual. Dos agentes del servicio secreto ayudaron al presidente a bajar. —¿Así que esto es Groenlandia? —dijo...
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Fontanapedia

Herramientas principales de fontanería.

Soplete. Se usa para calentar, soldar o eliminar por calor intervenciones molestas.

Pinzas de presión. Pinzas que permiten torcer o arrancar diversos materiales molestos.

Alicates extensibles o alicates de pico de loro. Se usan cuando hay que llegar a un elemento no previsto con mayor ancho de caudal del esperado.

Llave inglesa. A veces hay que ajustar cada tornillo de la filtración.

Desatascador o chupona. Usado sólo en caso extremo de atasco grave en la cloaca.

Llave grifa o llave de perro. Se usa en casos muy concretos, hay que tener cuidado porque se puede romper la tubería.

Cortatubos. Sirve para cortar un tubo que debe ser soldado a otro o cegado para redirigir el flujo del agua.

Llave de cadena. Se usa para casos extremos de tubos de diámetro especial. Se usa con mucha precaución ya que esa tubería puede contener muchos restos no deseados.

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La tercera vez del mes

Quiere preguntarme, pero nunca lo hace. Apenas puede mirarme a la cara antes de apartar su mirada con vergüenza. Como cada día, me acompaña a ver el atardecer, en silencio, sentado en las viejas escaleras del porche. Él quería que me marchara de allí, que estudiara, que trabajara en la ciudad y que tuviera una novia con la que nos pudiera reprochar cada domingo lo poco que íbamos a verle... y ahora... ahora él se culpa de todo, de todo lo que pasó. Me cansé de intentar convencerle de lo contrario.

Le comentaron que se podía recuperar la conciencia de alguien que había fallecido, que se podía insertar en un bot. Pagó. Lo probó. Se equivocó. Sigue asegurando que no soy su hijo, y entre lágrimas agarra la escopeta para reiniciarme de nuevo.

menéame