Concurso de microrrelatos de Menéame
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Desde la oscuridad

Junio señalaba en Persia la mudanza del sultán a los palacios de verano. Obligado por la amenaza del alfanje, el pueblo se agolpaba para mostrar sumisión a la comitiva, especialmente cuando el enorme palanquín imperial acarreado por elefantes recorría las calles de Isfahán. Como extranjero también tuve que postrarme y mirar al suelo. Por el rabillo del ojo observé a un andrajoso erguido entre la multitud. Los soldados ignoraron su presencia, nadie parecía verle.

Al alejarse el desfile me acerqué a él con curiosidad. Los harapos que le malvestían despedían un hedor insoportable. Le pregunté por qué se le permitía ignorar la obligatoria genuflexión:

"Soy más poderoso que el sultán. Guardo los secretos de todas las familias. Si la muerte me llegara inesperada, mis mensajeros difundirían la verdad. El imperio desaparecería en horas.  

Soy el que observa y escucha desde la oscuridad de desagües y cloacas.

Soy el fontanero imperial."

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El deslizador

El deslizador

Dios, como siempre, iba a lo suyo. Es lo que tiene ser "omni": omnisciente, omnipresente, omnipotente…, que estás a todo pero no estás a nada. Estaba otra cosa, con el tablero de mandos de la Humanidad ahí, desatendido, en automático.

Belce (nombre cariñoso) sabía que su tío era también omnidespistado (es lo que tiene ser "omni", que lo eres en muchas cosas). No levantaba todavía dos palmos del suelo, pero ese tablero… colorines, ruiditos, palanquitas, pantallas… Así que, de puntillas y viendo apenas lo que hacía, alcanzó el único mando al que llegaba, un deslizador, en ese momento desplazado totalmente a la izquierda, y lo movió al centro. Rápidamente se escabulló, temiendo que tito Dios le pillara.

No fue hasta 6 meses después cuando Dios se dio cuenta de que alguien había movido ese deslizador y había apagado el sentido común de la mitad de la población mundial:

-¡¡¡BELCEBÚÚÚ!!! 😡😡😡

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Un vídeo de despedida

«El Inútil», así lo llamaba su suegra. Por eso se ofreció para hacer el vídeo.

Parecía una tarea fácil y, de hecho, le llevó menos tiempo del esperado. Solo tenía que entrar en el viejo ordenador, seleccionar unas cuantas fotos y hacer un montaje para el funeral. Todos se emocionarán, algunos incluso llorarían y, lo más importante, se ganaría la simpatía de su familia política.

Acceder al contenido fue sencillo (su suegro había usado una contraseña trivial), pero, al abrirlo, su cuerpo reaccionó de inmediato y tuvo que apartarse para no vomitar sobre el teclado. Eran niños.

Tras el estupor inicial, se obligó a reaccionar. Pensó en cuáles eran sus opciones y en las consecuencias de cada una de ellas. ¿Llamar a la policía? ¿Contárselo a su mujer? No, eso sería demasiado doloroso para ella.

Con pulso firme, formateó el disco duro.

Prefería seguir siendo el Inútil.

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Los mejores veranos de nuestra vida (Valdesuei)

Mis vacaciones perfectas eran sobre dos ruedas. Unas veces recorriendo los caminos del pueblo en busca de aventuras; otras, huyendo del cinturón de don Ignacio, el hortelano, cuando nos descubría devorando sus sandías. Eran el delicioso sabor de tortilla recién cocinada, del helado almendrado en la piscina y la rebanada de pan con aceite de oliva que mi abuela nos preparaba todos los días para merendar.

Cuando enfermó y tenía tratamiento en la ciudad, nos la dejaba en la alacena junto a una nota: “Pan y oro para mis tesoros”. —Siempre tuvo una vis cómica—.

El día de su funeral, busqué refugió en la alacena para llorar tranquilo. Allí contemplé varias cazuelas de pan con aceite, junto con una nota: “Oro y pan duro para el futuro”. —Siempre tuvo esa vis cómica—.

Lágrimas y risas se entremezclaron confusamente mientras merendaba, en aquel último verano de mi niñez.

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Otra vez es verano

Felipe está contento y nervioso. Van a ser sus primeras vacaciones de verano en 15 años. Hasta hoy ha sido físicamente imposible disfrutar siquiera unos minutos de luz estival.

Guarda su escaso equipaje y se acomoda en el estrecho vehículo. No necesita más. Ni su mujer ni sus hijos, fallecidos durante la Tercera Guerra Mundial, le acompañarán.

Los kilómetros avanzan y las densas nubes se van disipando. El cielo empieza a lucir un azul tan intenso que duele en los ojos. Luego ennegrece y aparecen miles de estrellas. Nítidas, increíbles, ¡qué visión! La finísima capa superior de la atmósfera queda debajo, cubriendo el uniforme marrón y gris de la Tierra.

«Mi primer verano nuclear» se susurra a sí mismo, emocionado, intentando jugar con las palabras. La antítesis de la oscuridad y el hollín que le esperan nuevamente en tierra firme.

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Feliz semana satán

Solo quería desearos a todos mis seguidores y al mundo en general mis mejores augurios, mis más íntimos deseos de guerra, odio, enfermedad y muerte en estos días de alegría y placer, donde mis cuatro corceles recorren el mundo dispersando la buena nueva. Es cierto que algunos ignorantes se resisten con un cierto y blando interés a ser barridos por la olas de la historia, pero pronto perderán el interés y mucho más, no esperaba unanimidad, e incluso me causan cierta ternura, pero me dura poco.

Sin resistencia pronto seré el rey del mundo y mis generales , a quien ya conocéis , se reunirán pronto para dar la buena nueva, no sin repartir algunas propinas entre la población solo por el placer de hacerlo.

El fin del mundo conocido está cerca. El nuevo será mucho peor de lo que habéis imaginado. Imponentes bombardeos contra tiendas de campaña, cárceles como agujeros negros sin recurso posible, especulación para generar fondos sin límites, deportaciones a países basura por decreto, precios de lujo y sueldos de miseria y lo que es mejor, lo mejor de todo, aplausos, muchos aplausos. Esto si que no lo vi venir.

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Il cannone

Pezzo carico!

Era casi mediodía y la multitud se agolpaba para ver el disparo del cañón.

Pezzo pronto!

Pero yo solo lo veía a él, radiante de emoción.

Cinque!

Se tapó los oídos.

Quattro!

Se los destapó; ya era mayor para eso.

Tre!

Me miró nervioso y me apretó la mano.

Due!

Volvió la vista al cañón.

Uno!

Abrió la boca, como yo le había explicado.

Per Santa Barbara! Fuoco!

La expresión de asombro dio paso a una enorme sonrisa.

— Mamá, ¿puedes decirles que disparen otra vez?

— No, cariño, pero, si quieres, podemos volver el domingo que viene.

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El año que viene

Quisiera dar las gracias por este premio a un sintético, el primero en la Historia del Visual-3Dreal en recibir este galardón a mejor actor en todas las categorías. Gracias a los miembros de la Academia por haber entendido el valor de transformar mi cara en la de cualquiera, gracias a la técnica de MimicTM y a los nuevos polímeros de piel que ahora estoy usando. Quisiera dar las gracias también al director H6L35 que supo poner orden en esta historia tan especial sobre el sentido de la vida desde la óptica de nosotros, los sintéticos. “Spoiler”, como decían en el siglo pasado, el año que viene nos llevaremos todos los premios de todas las categorías. Gracias.

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Y el ganador de esta semana es "Nunca quise que todo acabara tan mal"

El relato ""Nunca quise que todo acabara tan mal" de Un_señor_de_cuenca es el ganador de nuestro certamen de microrelatos
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Abre la boca

Entro a la sala con un poco de pavor. Pero ahí está ella: firme, decidida, recibiéndome con la mejor de sus sonrisas. Cuánto tiempo, dice, y tampoco creo yo que haya sido tanto. Lleva un vestido ceñido, que acentúa sus curvas. Ven conmigo, sígueme. Tus deseos son órdenes para mí, pienso, y la sigo por un estrecho pasillo. Puedes acomodarte, me dice, y me siento. Abre tu boca, dice, y se acerca. Mucho. Muchísimo. Cada vez más. Sonrío. Sonríe un poco más, añade. Lo hago encantado. Abre la boca más. Hasta que pueda ver todos tus dientes, hasta que pueda ver tu garganta. Imagino un beso, unos labios en unos labios: la felicidad. Entonces, empieza con la limpieza de dientes. El sonido es infernal y yo recuerdo que esta no es más que otra maldita visita a la dentista.

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El veneno

Miró sus manos con sarcasmo, como negándose a recordar que son pluripotenciales. Que igual pueden lanzar una piedra que acariciar el trigo, escribir poemas con soberbia etrusca o simples mentiras paleozoicas.

Miró al campo salado de avenas, al intrépido vacío de su mundo. Estaba aquí, vigilando el paso de los estorninos, estudiando el deseo y el vértigo con una indiferencia precisa, licenciado en no necesitar del mundo más que su existencia.

Acarició el mineral, como transido en la experiencia de futuros transitorios, olió los pechos de mujeres desconocidas, sorbió el perfume de los valles sagrados, soñó un instante con versos prohibidos…

Miró hacia el fondo del valle, y con soltura y decisión lanzó la piedra.

Y se fue acariciando el trigo.

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El viaje del director

Cuando Francis abrió los ojos, una máscara flotante le observaba.

-Empieza el viaje Francis. Será largo y necesitarás ayuda. Por eso puedes llevarte tu bien más preciado.

Francis encontró en sus manos un trozo de latón oxidado. “Oscar al mejor Director”. Y entonces recordó.

Su 20 cumpleaños chupando el repugnante rabo de aquel director que le metió en el mundillo a cambio de placer.

Su amada Sue llorando cuando le exigió acostarse con el productor que podía darle su primera película.

Ron, su detective, que organizó mil montajes para destrozar a sus rivales.

La montaña de vejaciones, insultos y amenazas a los actores que debieron sufrirle. Aquel suicidio.

Las decenas de chicas que se tiró con falsas promesas de un papel.

Y tantas otras cosas…

La noche en que le entregaron el Oscar, algo le decía que, unos años después, la estatuilla sería chatarra, pero sus actos le acompañarían eternamente. 

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Y el ganador del Goya, digo del concurso de microrelatos de esta semana es "Tarifa de última hora"

Tarifa de última hora de Devnull es el texto ganador del concurso de microrelatos de esta semana: www.meneame.net/m/microrelatos/tarifa-ultima-hora

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El mito de la caverna de eco

Compañeros, tras la caída de occidente y el fin del Internet anónimo, nos ha costado varios años reunirnos de nuevo, pero por fin estamos todos. El dealer implume de uñas planas, el venado carmesí, el gasterópodo anarquista, el gallino fofó, María la Karmesiana, el hitita cáustico, el noblecito ilustrado, Speedy Rojales, Mundo Taíno, Bello Tinieblo,  el galileo espabilao, el Swarche de Korskr, el proyector estereoideo, Espaciotiempo, el inclusivo de Skyrim, el hijo menor enunciativo, Kentuky Fried Pussy, ofthemanners, y nuestro siempre querido febrero 2031.

Los de siempre, que elijan de qué hablaremos, y el resto tenéis vuestros ladrillos y vuestras lechugas. El que muera a ladrillazos, será cubierto de ceniza.

A quien insulte, nuestro amigo Pax le dará una bofetada. A la tercera bofetada, tendrá que abandonar la cávea, aunque podrá volver con unas gafas de nariz y hablar pitufado.

¡ Que comiencen los juegos del Karma !

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Concentración en el campo

La niña del bikini de rayas era un excelente objetivo, pero no paraba de moverse. A su lado, otros gentiles infantes corrían junto a una pelota, inconscientes del peligro, mientras siniestros lepidópteros albinos bailaban con la muerte.

Caía la tarde vagamente junto a los chopos, y entre cedros líricos intuyó la efigie de un hombre cetrino, sentado junto a una mesa, protegido del jolgorio circundante por una franja de lirios blancos.

 El hombre ya había sido alcanzado por muchos otros, pero eso no pareció importarle, de modo que afinó su puntería, y con un movimiento certero y estudiado, le picó en el cuello.

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El mensaje en las hojas

No podía ser casualidad que aquella mañana al abrir el portón de su casa encontrara Ana esas dos ramitas en el tranco de su puerta. Sobre la tierra levantada, junto al enorme socavón y los desconchones de la metralla que habían desolado su calle en tan pocos días, aquellas pequeñas flores y esas hojas verdes parecían venir desde una lejanía infinita. Ana pensó que las casualidades eran otra de esas cosas que se había llevado la guerra.

O quizá era la desesperanza lo que le hacía ver mensajes en todas partes, respuestas a la pregunta que escribió en un trocito de tela blanca y que habría pasado bajo cuerda entre manos agarrotadas por el miedo: "¿Cómo te encuentras, Ramón?".

Y aunque no entraba dentro de lo mínimamente razonable que el mensaje hubiera llegado a su destinatario, y siendo tan poco problable que su Ramón hubiera sobrevivido a aquella herida o incluso a aquella retirada entre el estruendo y la confusión, ella sentía que aquellas hierbas eran la respuesta y que él habría encontrado la manera de hacerlas llegar hasta su misma puerta.

Entregada a ese pensamiento estaba cuando llegó a casa de su tía, y una ráfaga de aroma fresco le llegó al abrir la mano y liberar las ramas sobre la mesita.

—Anda qué buena para la digestión. Cuando teníamos digestiones que hacer —le dijo distraída su tía mirando las hierbas de reojo mientras se secaba las manos en el delantal.

— ¿El qué?.

— La Mejorana que has traído.

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Nanorelato: Café suave, limpio y redondo

La especialidad filtrada en V60 con fermentación anaeróbica consiguió que rozaran las manos. Sonrieron. Salieron a la calle. Bajo la lluvia, un portal los juntó demasiado; el beso fue breve y prometedor. La noche, para beber despacio y prestar atención. Limpia, delicada y expresiva. Cuerpos ligeros sin acidez. Brillantes.

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Rencor...

Siempre los he odiado. Los gritos de los niños me retumban en la cabeza. El reguetón a todo volumen los domingos me saca de mis casillas, y odio esa peste a colonia barata que deja ella en el ascensor, cuando sale pintada como una puerta.

Nunca los saludé. Nunca me saludaron. Nos bastaba con aborrecernos en silencio.

Y mientras sigo atrapada en esos pensamientos, veo a los niños, sentados sobre una caja mojada en el kiosco, inmóviles, con la mirada fija en los charcos. Con el cuerpo cansado, tomo el cepillo y empiezo a empujar el agua, sin prisa, entre el barro y los escombros. El kiosco está empapado, los periódicos y revistas arrugados por el agua. No hablamos. Llevamos horas así, sin mirarnos siquiera. 

Hoy, solo estamos intentando salvar lo que queda.

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La conversación

-¡No me chilles!

-¡Que no estoy chillando, sólo me estoy riendo! Porque hoy estás muy bonita……

-¿Lo dices en serio?- respondió arrobada. -Bueno, tú también estás muy guapo, ese pelo te queda muy bien.

-¿Te gusta? Me lo han puesto esta mañana, de una bufanda que había en el armario.

-Oye, pues ni tan mal, ese color rojo te favorece…

-Pues lo mismo que el jaspeado de tus ojos, te queda muy bien.

-Gracias, son de un abrigo antiguo, ya no se ven de éstos.

-Ni sin éstos, jajajaja.

-Qué tonto eres, jajajaja.

-¿Quieres venir a dar un paseo conmigo?

-¡Por supuesto! Pero habrá que pedírselo a ellos, ¿no?

-¡Pues claro, tonto! Chicos, ¿nos lleváis a dar un paseo?

-Por supuesto- dijeron tanto él como ella. Y se cogieron de la mano para irse a dar un paseo, mientras sus otras manos seguían con su conversación.

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El tema de esta semana es: El peor resultado

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La Moneda

Estábamos haciendo un documental sobre una película, con algunos años a sus espaldas. Buscábamos a los actores y los entrevistábamos. Mi papel era solamente acompañar al director.

La siguiente era una actriz conocida, pero de la que casi nadie sabía su nombre, la siempre eterna secundaria que salía en todas las películas, pero no de protagonista.

La encontramos en un asilo, de monjas, que la conocían  de sus buenos tiempos, mejor que ahora, caida en el olvido, del público y de si misma, víctima del Alzheimer.

Yo la observaba desde lejor, sentada en el bordillo de una acera, flanqueada por dos monjas, que supongo la acompañaban por la novedad de la visita. El director le hacía preguntas a una tercera monja, quizá la superiora, que respondía en nombre de ella. Yo permanecía atrás, espectador de una historia que se estaba escribiendo.

La actriz, ya anciana, jugaba como si fuera una niña pequeña de 2 años, absorta en sus propios pensamientos, ajena a una conversación que giraba en torno a ella.

Pedí permiso para acercarme, y me senté a su lado. Ella seguía jugando, sin hacer mucho caso de mi presencia a su lado. Sentí algo extraño, profundo: como si fuera mi abuela, pero no lo era. El sentimiento estaba ahí, indiscutible.

Se giró hacia mí y me dijo “si conoces a alguien con una moneda, plateada o dorada, dile si me la puede dar”. Metí la mano en el bolsillo, y saqué una moneda de 20 céntimos, brillante, y se la dí.

La cogió y me miró. Y durante un instante, volvió. Pero no del todo. Sólo consciente de que estaba enferma, de que debía reconocerme, pero no lo hacía. Me miró con una claridad dolorosa.

-”Si alguna vez olvido acordarme de tí, no olvides acordarte tú de mí.”, me dijo.

Y volvió a desaparecer, y a volver a jugar con su moneda plateada.

El director seguía preguntando, las monjas seguían contestando. Y yo supe que esa frase no era para el documental, era para alguien que todavía podía recordar.

De todos los que estábamos allí, yo era el único que no hablaba sobre ella, si no con ella.

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Geopolítica... o no de ContinuumST es el ganador de esta semana (si no la he vuelto a liar, claro)

El frío groelandés ha dejado congeladas a estas pobres neuronas sureñas, el ganador de esta semana ha sido realmente Geopolítica... o no de ContinuumST www.meneame.net/m/microrelatos/geopolitica-o-no

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Una mala apuesta

Me lo jugué todo a una carta, lo aposté todo a mí mismo. Perdí la vida.

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La mirada infiel

Una inspección ocular debería ser algo rutinario, pero aquella no lo era. A veces, cuando vemos mal por un ojo, ni siquiera somos conscientes, porque el cerebro interpola la información de ambos y reconstruye una imagen nítida, incluso se inventa la imagen del punto ciego. Pero María Ferro tenía un problema más grave: Su ojo izquierdo veía las cosas tal y como son, y había comprobado que el cerebro se inventa demasiado: hasta la propia luz era mentira.

Le dirían de nuevo que era neurológico, malformaciones oníricas, tanto la luz plateada y metálica, como las ondulantes proyecciones del pensamiento ajeno; las figuras pesadamente intensas sostenidas por filamentos, la extrusión de otros sentidos mezclándose con la imagen en una orgía de sinestesia policromada, polisensitiva, polilobulada, polisémica...

Pero ahora veía igual por el derecho, y los perfumes eran canciones. 

Y tanta belleza era insoportable.

Y un tanto plata cremosa allegro moderato.

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Abriendo puertas, rompiendo diques

Indomable y presumida; mi abuela se enfrentó a la Trinidad de poderes del pueblo encarnada en: alcalde, cura y marido; para que yo pudiera ser “monaguilla”, —privilegio reservado exclusivamente a los niños varones—.

Mi abuelo se atragantó con la sopa y el sacerdote con el vino, cuando les dijo: — ¿Acaso la niña sólo puede pasar el cepillo en la iglesia cuando por turno de limpieza nos toque barrerla? —“Privilegio” reservado a las mujeres—.

Escribió al Obispado y amenazó con presentarse en el mismísimo Vaticano en el próximo viaje del Imserso, si no atendían a su pretensión.

Hoy, luzco por primera vez la sotanilla y ayudo en misa al señor cura; quien cada vez que dice amén, me mira de soslayo al no poder disimular la sonrisa triunfal que se dibuja en mis labios.

Lástima que mi abuela, tan indomable como presumida, le tocó contemplarme desde el cielo.

menéame