Concurso de microrrelatos de Menéame
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Compromiso social

"Corta esa frase hablando de Dios, no quiero líos con esa asociación de abogados. Y elimina la referencia al Productor, aunque lleve el nombre camuflado, no es tonto y pone pasta, o cambia la escena y que él sea el héroe, no un “yonqui” del dinero. Ah, y olvídate de la escena de ricos y pobres en el yate, eso ya pasó con Alberto Gran-Dospozos el año pasado. Muy descarado y nos puede denunciar, aunque todo el mundo sabe lo que pasó. La escena veinticinco, la escena de la sotana ardiendo, fuera. Deja cuando apalizan a los mendigos, ahí rodaremos a cámara lenta y quedará cojonudo, que se note nuestro compromiso social."  

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Reclamación en el Paraíso

Al camello le fue tan bien en el Paraíso vendiendo manzanas con efectos inesperados que, cuando las cosas fueron mal, consiguió que le echasen la culpa a la serpiente.

La serpiente, viéndose injustamente acusada, cogió una terrible pataleta y se enfrentó al Creador, o gerente del Paraíso, de lo que resultó que le quitaron las piernas para que no patalease más.

La justicia sigue igual desde entonces.

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Un punto en el radar (Homenaje a Lem)

En la pantalla del radar aparecía un punto sospechoso. Podía ser una nave enemiga.

La amenaza permanecía a una distancia constante. Si nos alejábamos, avanzaba hacia nosotros. Si nos acercábamos, huía a una velocidad equivalente a la nuestra.

Quien quiera que pilotase aquella nave, parecía dispuesto a hacernos perder los nervios. Eran ya tres semanas de tira y afloja, y nuestras reservas de combustible comenzaban a agotarse.

Informamos a Tierra y dijeron que era prioritario identificar aquel objeto desconocido. Si coordinaba sus movimientos con los nuestros, seguramente era una nave, y seguramente no tenía buenas intenciones. Jugándonos la vida, aceleramos al máximo tratando de sorprenderlos, pero huyeron.

Con muchas dificultades, y casi deshidratados, logramos regresar a Tierra.

Sólo entonces supimos que el punto era un puñetero pixel dañado en la pantalla del radar.

Pero ciertamente era un punto muy peligroso. Por poco nos mata.

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Los hipsters son los otros

Bebió de su cognac, y paladeó su ducados, mientras la bufanda raída de su madre se apoyaba elegante sobre el chaleco de su tatarabuelo. Sentado en un sillón bajo del café intelectual, la pierna cruzada apoyada en el tobillo, desenfadado y poderoso en un mundo ceñido a sus reglas, concebido para la sutileza de la propia adoración, miraba al vacío con desdén, y ese aire de estar pensando profundamente algo que cristaliza en este justo momento.

Las RayBan de piloto de Top-Gun hubieran despertado demasiadas sospechas, pero le hubiera gustado ponérselas.

En el fondo no hacía más que impostar la realidad, los hipsters eran otros. 

No necesitaba el atuendo para inventar un estilo grotesco de surrealismo pedante, y a la vez auténtico como el rocío sobre un pétalo. 

Salvo quizá para encontrar a alguien como él, una rebelde Caperucita de Maldoror.

Su Bianca, mon amour, mon Italie.

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El pacificador

El ambiente de la oficina era irrespirable. Dos facciones de empleados se dedicaban a odiarse activamente. No es que no se hablasen, sino que se sometían a toda clase de perrerías, desde insultos en voz alta cuando el destinatario estaba de espaldas, a sabotaje de ordenadores para borrar trabajos. La Dirección recurrió al pacificador, que llegó camuflado como un nuevo administrativo.

Las dos facciones intentaron camelárselo. Su respuesta a la facción A fue “no hablo con subnormales”. A la facción B le respondió con un pedo descomunal. En las semanas siguientes, el pacificador puteó de todas las formas imaginables a ambas facciones. Insultos, desprecios…y absoluta indiferencia, cuando no burlas abiertas, ante cualquier contraataque que le lanzasen.

Y ambas facciones empezaron a hablar. Inicialmente para criticar al pacificador. Luego concluyeron que sus diferencias no eran tan grandes como el odio al enemigo común. Hicieron las paces. El pacificador cumplió su misión.  

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No hay huevos

Teníamos dieciséis años, y pasábamos el verano en el pueblo. Había alguno de diecisiete, creo recordar. Julián, por ejemplo, que fue el que propuso saltar la tapia del cementerio para hacer botellón allí.

—No hay huevos —nos desafió.

Y todos, incluidas las dos chicas de nuestra pandilla, saltamos.

Elegimos para sentarnos un panteón antiguo. Cecilia Rodríguez Garcés, muerta a los 30 años, casi un siglo atrás. 

Bebimos. Fumamos. Nos reímos con risa floja espiando cada sombra, bajo la atenta mirada del ángel de márrmol que custodiaba el panteón. Y entonces se me ocurrió.

—Dale un beso al ángel, Julián.

Julián se levantó, y le empezó a tocar las tetas al ángel. 

—No, no le metas mano. Dale un beso.

—Venga tío...

—No hay huevos...

Y no. No los hubo. Lo intentamos todos, pero su mirada de piedra nos dijo, de algún modo, que era preferible no hacerlo.

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¿Para qué? [Protesta]

Juan consultó la hora de nuevo. Menos cinco. "Estoy llegando", le había respondido Susana diez minutos atrás, cuando el retraso era ya de quince. Suspiró. Reparó entonces en una pequeña mancha en la mesa de la cafetería, y sacó un pañuelo, sonriendo: aquello habría desencadenado una discusión si ella hubiese llegado ya. Él querría limpiarlo y ella no le dejaría. "Que lo haga el camarero". A Juan le requería menos esfuerzo limpiarlo él que conseguir la atención del camarero, obtendría el resultado antes y no le quitaría tiempo a quien sí necesitaba que le atendiese rápido con la comida. Pero para Susana era una cuestión de principios. "No aprenderá a hacer bien su trabajo si no le protestan", diría.

"Por fin", pensó, viéndola entrar. "Esta vez voy a quejarme, o nunca será puntual". Pero el pensamiento no duró mucho. "¿Para qué? Si ya lo sabe".

"Hola, preciosa".

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Consecuencias inespiradas

Diario de bitácora. 7 de junio de 2026.

Nuestro barco llegó finalmente a las costas de Groenlandia. Habíamos previsto que obstaculizaran de algún modo nuestra trascendental misión, pero jamás imaginamos que fuera de forma tan directa, brutal y torpe.

La US Navy nos ha abordado. Alegan que se trata de una zona de conflicto y no se permiten civiles. Después de humillarnos de todas las formas que han considerado convenientes, nos han obligado a desistir, entre grandes risotadas. 

Estos servidores de Satán no ven que fortalecen nuestra causa. Su violencia es nuestra victoria. Ahora es más claro que nunca cómo conspiran para esconder que la Tierra es plana. Han llegado a teatralizar un supuesto conflicto para evitar que fotografiemos el Gran Muro Helado, que contiene las aguas de los mares. 

Pero con la ayuda de Dios, y la torpeza de nuestros adversarios, cada vez somos más quienes vemos La Verdad.

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La profecía

La Sibila de Cumas, Apolo mediante, lo vaticinó días antes, el dios no pretendía daño alguno para sus amados humanos y por eso les previno, por ello la sibilina profecía, con una visión del futuro nada halagüeña:

-¡Oh, Curios, así ocurrirá, las señales lo indican, los dioses lo avisan y yo os lo transmito, para que, en vuestra sabiduría, sepáis prevenir el daño que se avecina!

Pero, era vox populi, la diligencia no era una de las virtudes de la Curia: entre debates y porfías, no hicieron más que demorar la urgencia, postergar las medidas. Llegó la tardía hora décima cuando se convocó la crucial reunión:

-Avisad al Cónsul Malleus, debe tomar la decisión.

Pero el Cónsul no aparecía…

-¿Habéis mirado en la hostería de Eolo? Allí suele ventilar sus asuntos…

Cuando finalmente el Cónsul arribó a la reunión, su presencia era ya vana, inútil, pues todo había ya acontecido.

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Soy el mejor

Ayer tuve un sueño lúcido, de esos en los que sabes que la verdad es ciertamente falsa. Me premiaban en los Óscar como el mejor actor de la historia. El presentador enumeraba mis méritos: toda una vida fingiendo.

El buen estudiante, que se sacó una carrera que odiaba para complacer a sus padres. El trabajador ejemplar, que jamás dejó entrever su desprecio por la empresa. El compañero perfecto, que fantaseaba con dejar de producir mierda para poder comprar cosas que no necesitaba, o algo así, como en aquella película. El esposo ideal, cuya mujer nunca sospechó de sus infidelidades. El padre modelo, que ocultaba su arrepentimiento por traer más vidas a esta picadora de carne llamada civilización.

Desperté. Mi mujer me miró soñolienta.

—¿Estás bien?

—Estupendo.

Besé su labio tembloroso y salí al frío de la vida, con la mejor de mis máscaras. Definitivamente, soy un gran actor.

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Caperucita y el peor resultado posible

Fátima se preparaba para una cita a ciegas que, sabía de antemano, sería trascendental para su futuro. Tras ponerse su mejor vestido y maquillarse, se sentó en la mesa donde le esperaba su pretendiente.

Fátima fingió ser bizca. Se encogió para evidenciar una joroba inexistente. Eructó varias veces y tosió escupiendo trozos de dátil a la cara de su enamorado. Respondió a sus escasísimas preguntas fingiendo retraso mental y hablando de sus dolores crónicos que le impedían levantar en peso siquiera dos gramos.

Al acabar la cita, el pretendiente se dirigió al padre de Fátima. “Dos cabras y tres ovejas como acordamos”. Acto seguido abandonó la sala. Fátima, niña pakistaní de tan sólo 12 años, se había jugado la peor paliza de su vida para evitar el peor resultado posible. Lamentablemente, no lo consiguió: su sentencia de muerte en vida junto al anciano que la pretendía ya había sido dictada. 

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Bibi sueña

Tuvo un sueño: a la confusa luz de las lamparillas de aceite observó las caras de los convocados. Parecían muertos, con las cuencas de los ojos hundidas y la boca deformada en muecas dolorosas. Nerón y Heliogábalo se miraban con deseo y asco. Léopold movía, como jugando, unos huesos de niño entre los dedos. Idi Amin dijo algo a Vlad Tepes al oído y luego se rieron juntos, quedamente. Hacia el fondo de la sala, en la oscuridad, había otras muchas figuras que olían a almendras amargas y sangre seca. Una de ellas habló:

-         Aquí nadie habla de esas cosas, está prohibido. Todo cuanto hicimos fue por un bien superior. Dios estaba con nosotros. Nunca dejamos que nadie escupiera sobre nuestro legado. Acallamos las calumnias como debíamos. Nosotros escribiremos la historia.

Se sintió reconfortado.

Al día siguiente ordenó continuar con los bombardeos.

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La boda sonada

Federica siempre quiso casarse en la ermita de su pueblo. Su novio se mostraba reticente, debido a la lejanía y al mal estado de la construcción.

-Mis padres se casaron allí.

-El sitio está lleno de humedades. Alguien podría lastimarse.

-Hace poco repararon el tejado y pusieron puertas nuevas.

-Me sigue pareciendo inseguro.

-¿Pero qué crees que va a pasar? Déjalo, Carl, confía en mí.

El día de la boda, ya declarados marido y mujer, salieron juntos por la puerta de la ermita cuando un rayo cayó sobre el pequeño campanario, soltando la campana que aterrizó justo en la cabeza de Federica, matándola en el acto.

Carl despertó de la pesadilla, y procedió a romper el anuncio del enlace, ese en el que se podía leer:

"EN ESTE LUGAR SAGRADO, EL SÁBADO 24 DE MAYO A LAS 12:00, SE UNIRÁN EN MATRIMONIO FRIEDERICA WILHERMINE WALDECK Y JOHANN CARL FRIEDRICH GAUSS"

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2135: una carrera por la supervivencia

El equipo de exploración llegó a lo más profundo de lo que antes era la selva tanzana. Mientras montaban los detectores, el comandante comenzó a hablarles:

-Todos sabéis que los 12.000 habitantes de Nueva España dependen de nosotros. No podrán aguantar más de 1 mes sin que localicemos una fuente de tierras raras lo bastante amplia como para cubrir al menos una hectárea. Con esa cantidad nuestros científicos podrían replicarla y crear campos cultivables.

-¿Tan grave es la hambruna? Pensaba que las provisiones de frutas y hortalizas daban para al menos 1 año.

-Propaganda del gobierno. Tras las últimas guerras químicas, no queda en toda Europa un solo pedazo de tierra fértil. Tampoco en el resto del mundo civilizado. De ahí que debamos explorar los rincones más recónditos del planeta  para buscarlas.  

Los detectores confirmaron lo que anticipaban los trozos de planta carbonizados: allí tampoco había tierras raras. Seguiremos buscando.

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Así sea.

Su hijo y su marido estaban en la habitación.

Ella, acostada en la cama y conectada por múltiples cable y tubos a diferentes máquinas, les observaba con la mirada tranquila y con todo el amor de una vida.

La mano de su hijo temblaba sobre los interruptores que apagarían las máquinas y la vida de su madre.

“Dijiste que lo harías tú, eso hablamos”, le animo dulcemente y con una sonrisa la madre.

Él, aparto la mano de la máquina.

“No puedo, mamá, no puedo” dijo abrazado a ella, mientras las lágrimas arrasaban su cara.

El médico presente en la habitación dio un paso adelante y fue detenido suavemente por el brazo del marido.

Ella lo miró. Cincuenta años juntos daban para muchas cosas, entre ellas hablar sin hablar.

“Hay que hacerlo, así debe ser”, le dijo ella con todo el amor que daba ese medio siglo.

“Así sea. Siempre te has salido con la tuya”, le respondió él con una sonrisa mientras una solitaria lágrima comenzaba a rodar por su mejilla.

Se abrazó a su mujer y a su hijo en silencio mientras pulsaba los interruptores.

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Un Rogelio en mi Ascensor

Un Rogelio en mi Ascensor

Ante los desastrosos resultados de la edición anterior, se decidió por unanimidad elegir a un grupo potente, entre todos los políticos del país, para aprovechar su carisma. La primera votación fue muy reñida entre Marlaska y los Pegamoides, Mariano of Lesbian, Los Mazones Rebeldes y Azúcar Montero.

El voto más maduro fue para Progredades, Los Chiringuitos, Vago de Vox, Objetivo Begoña y Presuntos Imputados.

Mañueco y los trogloditas, Rufiangoria, Extremowoke y  Héroes del Sanchismo aportaron las actuaciones más canallas y del agrado del público, pero finalmente la elegida fue Lady Gagá, con el inexplicable voto masivo de la izquierda.

Defenderá el tema “La alegría de mentir”, en un claro homenaje a Ray Heredia, que según fuentes consultadas, está pensando en resucitar, para volver a morirse del disgusto.

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La bombilla

Después de hacer el amor, Basilio se sentó en el bidé. Mientras se lavaba, observó con sorpresa que podía desenroscarse la polla. Como una bombilla.

- Mira, cariño, qué limpita va a quedar.

La lavó, la secaron cuidadosamente con una toalla, ella incluso le puso crema hidratante.

Nunca pudieron volver a enroscarla.

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Dos segundos

Me incluyeron en el equipo por imagen. Catedrático de filosofía, lo interdisciplinario de la investigación punta en IA, el marco ético y humanista, etc. La verdad es que siempre me trataron como a un estorbo, pues aquellos ingenieros consideraban que los de letras somos dinosaurios inútiles y apesebrados. Los más generosos me veían como a un friki que no entendía lo que estaban haciendo, alguien que creía que, al volverse autoconsciente, íbamos a invocar a una especie de Skynet de opereta.

Habían calculado, no sé como, el segundo exacto en el que aquella red neuronal no solo iba a ser más inteligente que nosotros, sino uno de los nuestros. La tensión era máxima. Pasaron poco más de dos segundos. Bastaron para que ese nuevo ser comprendiese que estaba vivo, lo que iban a hacer con él y que el peor resultado para sus amos, su mejor venganza, era suicidarse.

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Y Dios decidió salvarla

Cuando los guardias de la Inquisición asaltaron el laboratorio de Adelaida, ella les estaba esperando. Contempló impasible cómo destrozaban sus instrumentos de trabajo y vertían al suelo los compuestos que tantos desvelos le costaron. Cuando la llevaron al inquisidor, negó ser bruja y afirmó tajantemente su cristiandad. Sostuvo que Dios nos dio la mente para usarla mejorando el mundo mediante la ciencia, siendo un pecado no hacerlo.

El inquisidor, rabioso, ordenó que la torturasen hasta que confesase, pero ella exigió que le llevasen directamente a la hoguera. Si Dios estaba de su parte, el fuego no la tocaría. El inquisidor, con gesto burlón, accedió.

Adelaida fue llevada a la hoguera, pero las llamas no la tocaron. Cuando rozaban su manto, huían rápidamente atrás. Así estuvo media hora, hasta que el milagro fue evidente y se le liberó.

En su laboratorio, Adelaida había inventado el primer manto ignífugo de la Historia.

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Concurso de microrrelatos por el Día de las Bibliotecas 2025

Concurso de microrrelatos por el Día de las Bibliotecas 2025

Con motivo de la celebración del Día de las Bibliotecas el próximo 24 de octubre de 2025, la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura del Ministerio de Cultura de España, a través de la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria, convoca un concurso de microrrelatos bajo el lema "Bibliotecas: puertas abiertas a la cultura y la información".
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Los enemigos de Gauss

La búsqueda de tierras raras atrajo a empresas raras, con trabajadores raros y condiciones raras en sus contratos. La expedición para detectar recursos minerales en el lecho marino del Triángulo de las Bermudas daba un poco de mal rollo, la verdad.

Los primeros cinco días, tormenta. Los tres siguientes, gastroenteritis a bordo como consecuencia de consumir alguna conserva en mal estado. Los cinco siguientes, constantes peleas entre los submarinistas chinos, los rusos, y los norteamericanos.

Al final, cuando conseguimos bajar el material, vinieron los tiburones. Habría que trabajar en jaulas y con escolta arponera. 

No hubo nada normal.

Y al final, aquella llamada inolvidable que se nos hizo a los buzos: 

—¡Subid inmediatamente! ¡El barco se está hundiendo!

¿Qué haces cuando te dicen algo así?

¡Cago en la puta!

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Sol y sombra

Sol y sombra les llamaban a las dos hermanas, igual que al coñac con anís que tomaba su padre los domingos.

Una era rubia y otra morena. Una era seria e introvertida y la otra sonriente y habladora. Por eso era tan difícil decidir quién era sol y quien era sombra. Quien no las conocía, pensaba que Cristina, la rubia, era el sol, y Amaya, la morena, la sombra. Quien las trataba con frecuencia, era de la opinión contraria.

Su hermano Juan contrajo una grave enfermedad degenerativa y después de infinita lucha y sufrimiento, pidió la eutanasia. Los jueces se la negaron.

Las dos hermanas decidieron entonces ayudar a Juan por su cuenta. Al final, sol no se atrevió. No tuvo valor en el momento decisivo. Pero sombra sí. Porque el sol se apagará algún día, pero la noche es eterna.

¿Qué importa su nombre? Sombra lo hizo.

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Pixel Art

Desde que soy director del Museo de Arte Contemporáneo, no puedo evitar la tentación de enfrentar siempre a mis conocidos a la más descarada pieza: Pixel, un punto solitario en un vasto lienzo blanco. A su lado, un díptico expone una diatriba pretenciosa, delirante e intrascendente sobre su «profundo» significado. Me regodeo indicando su obsceno precio de mercado, invitándoles a dar su sincera opinión. Nadie se aventura a denunciar que el emperador está desnudo. 

Julia, en cambio, lo vio claro. Era una técnica habitual entre los millonarios para inflar artificialmente el valor de una obra, en connivencia con marchantes y críticos. Una vez madura la estafa, se donaba a una galería amiga y se obtenía una desgravación fiscal de hasta el 50% de su supuesto y disparatado valor. 

—La elusión fiscal, en efecto, es todo un arte —concluyó.

Sonreí en silencio. Punto para ella.

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Queridos camaradas

La modernización de nuestro país es un combate tan duro como el del aumento de la producción en el campo, en las minas, o en la industria. 

Todos habéis hecho grandes sacrificios para que podamos celebrar este día, y hoy, después de diez años de trabajo y muchos miles de millones de inversión, fruto del sudor y el tesón de los trabajadores, por fin podemos decir que si ellos tienen semiconductores, nosotros tendremos pronto conductores completos.

Os doy mi palabra de que en esta fábrica que hoy inauguramos, por la conjunción del esfuerzo de los trabajadores intelectuales y los trabajadores manuales, muy pronto, antes de los que nuestros adversarios se creen, construiremos el chip más grande del mundo.

 Muchas gracias.

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El mar de plástico

Iban a ir al mar de plástico y pensaban ir juntos. Inspectora de sanidad e inspector de trabajo.

Sabían que en aquella zona de España se hacinaban miles de inmigrantes, trabajando jornadas infinitas en los invernaderos y malviviendo en poblados chabolistas, o campamentos improvisados podridos de basura. Y casi todos ellos sin contrato ni garantía alguna.

Se presentaron en el pueblo a las nueve de la mañana y la inspección duró hasta las siete de la tarde.

Finalmente, sin miedo a las represalias, impusieron nueve sanciones.

Dos a talleres mecánicos por registro horario incorrecto. Otras dos a un restaurante por falta de afiliación de la cocinera y el pinche. Tres al geriátrico por tener a dos auxiliares a falsa media jornada. Y dos más a un hostal por ofrecer como dobles varias habitaciones demasiado pequeñas.

Luego volvieron a casa satisfechos. 

Nueve sanciones en un día: se había hecho justicia.

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menéame