En toda América Latina se ha declarado una extraña guerra. Se libra no solo en los parlamentos y los tribunales, también en las aulas, las cocinas, las iglesias y los agitados espacios de Internet. Sus blancos son las mujeres, las personas queer y trans, y los movimientos que insisten en que la vida se puede vivir de otra manera. La extrema derecha actual dice defender la familia patriarcal, la moral y la tradición. Pero bajo estas palabras se esconde otro proyecto: la restauración de las viejas jerarquías