Lo que más me decepciona es este futuro tan anodino y vulgar. Hace cien años (en el siglo XXI) se especulaba con apocalipsis nucleares, catástrofes, superpoblación, fin de los recursos... y nada ha llegado. Todo ha sido nefasto, pero insulso. Pocos recursos, artículos escasos y caros, comida desagradable y nociva, más obstáculos para desplazarse, más vigilancia, pero nada catastrófico, sólo una degradación suave hacia un gris cada vez más plomizo y mullido. Confortable, diría yo.
Me parece mentira que hace tan poco tiempo uno pudiera comprar alimentos por kilos, o salir a caminar fuera de la ciudad sin permiso. Es verdad que no está prohibido, pero los pasos burocráticos son trabajosos y agotadores. Uno pierde el interés por el campo, por todo, en realidad.
La libertad muere en silencio. La vida y la felicidad también. Voy a dormir un rato hasta el toque de queda.
La cara del inspector revelaba el fastidio de quien lleva largas horas realizando una tarea tediosa.
— Usted es Esteban, ... Esteban Rosador. —dijo con tono sarcástico.
— Sí.
— Aquí pone que en 1976 formaba parte de una célula de UJCE, ¿no? — y el tono cambió, volviéndose cortante repentinamente.
— Eran los años del instituto. Éramos jóvenes, ya sabe. Han pasado 60 años.
La mirada del inspector se volvió despiadada y señaló los papeles sobre la mesa.
— Pero aquí tengo una larga lista de libelos, escritos por usted y publicados en webs comunistas.
— La verdad, nunca pensé que tuvieran mucha difusión. Era como un pasatiempo.
— Craso error, Esteban. Esto tendrá consecuencias. Desde la Constitución de 2030, los ataques a la Monarquía y a la Iglesia Católica son considerados traición. Además, desde la expulsión de los inmigrantes, la situación económica ha empeorado. Tendré que recomendar al ministerio de españolidad que su pensión sea revocada.
Despertó sobresaltada. Percibió un olor distinto, como el de un lugar ajeno. Se miró fijamente en el espejo y se preguntó si el reflejo también la estaba observando. Sonrió al darse cuenta de que había perdido peso.
Vivían juntos en la vigesimosexta planta de un pequeño apartamento, dividido en tres habitaciones.
—Las paredes son importantes, permiten mantener las cosas separadas —le decía él cuando se encerraba en el despacho.
Fueron a la universidad por caminos separados. Ella le prometió discreción, aunque no dijo por cuánto tiempo.
Conectó la cámara del microscopio y seccionó la Planaria en varios segmentos.
—Cada una de las partes se regenerará en un individuo completo — dijo con autoridad al alumnado.
Mientras él hablaba, ella tomaba notas, pero la caligrafía no parecía suya.
—Los neoblastos son células madre que permiten regenerar tejidos dañados.
Entonces recordó el accidente. ¿Cuántas versiones anteriores habrían fallado?
No soltaba la sábana, era su escudo de Heracles, en el que Fobos espantaría a los malvados, y Palioxis los pondría, despavoridos, a la fuga, estirando la raída prenda hasta cubrirse por completo, cual mortaja.
El orfanato no estaba mal. La comida no abundaba, pero los Padres no eran malos del todo. Sí, severos, y, sí, alguno con la mano larga, pero sus compañeros, algunos huérfanos como él, otros abandonados, compartían destino y eso los convertía casi en hermanos: la Hermandad de los Desamparados. Y eso hacía los días más llevaderos.
Pero las noches… las noches eran diferentes. La Hermandad desaparecía con la oscuridad, con la individualidad de las camas, y cada uno se apañaba como podía.
Así que cuando el Padre Santiago le rozó la cabeza por encima de la sábana a las 2 de la madrugada, sabía qué pasaría:
-Miguel, vamos a rezar a la vicaría.
-Amén, padre.

Todo empezó con la llamarada solar del 2076. En un sector de la tierra, de dos mil cuatrocientos kilómetros de ancho, no quedó ni un sólo aparato electrónico sano. Era una zona relativamente pobre y relativamente poco poblada. Las principales ciudades que incluía eran Kazán, Teherán y Dubai.
Allí, la inteligencia artificial y los robots habían perdido el control.
Los habitantes de la región no tenían gran cosa, pero iban sobrados de armas nucleares, así que dispararon media docena a las máquinas cuando estas organizaron una fuerza para recuperar el control. Su estrategia era la chifladura absoluta, el absurdo: no iban a negociar nada, con nadie, bajo ninguna circunstancia. No iban a atacar a nadie, pero lanzarían arnas nucleares a cualquiera que se acercase y empezarían a disparar a los satélites, al espacio, si se volvía a intentar una toma de control.
La inteligencia artificial echó cuentas y consideró que no valía la pena intentar recuperar aquella parte del planeta. Los dejaron en paz.
Desde entonces, allí vive ahora la única humanidad libre que queda. Hambrienta y en guerra, pero sin máquinas electrónicas. A pesar de todo, casi diez millones de humanos tratan de desplazarse hasta allí cada año.
Cuando se fue la electricidad, dejaron de funcionar las cámaras de vigilancia. Los drones de la policía aterrizaron a toda prisa, buscando cobijo en sus oscuros hangares.
Los programas de reconocimiento facial y asignación de puntos de ciudadanía tuvieron que detenerse. Los delitos aumentaron sólo un tres por ciento, pero la gente se lanzó al intolerable vicio de beber y bailar en las calles.
Los más sorprendidos, fueron los niños.
—¿Que es eso que hay en el cielo, papá? Parecen ojos.
—Son estrellas.
— ¿Las estrella son eso?
—Sí. Son tan grandes como el sol, pero están muy muy lejos.
—Pero parpadean...
—Bueno, pues a lo mejor son ojos... —respondió el padre, saludando con la mano hacia el cielo.
En un día así, cualquier cosa era posible.
-El objetivo común de todos los revolucionarios del siglo XIX y principios del XX fue sustituir a Dios por el Hombre. Nuestro objetivo común debe ser ahora sustituir al Hombre por la Nada.
-Nosotros no somos la Nada. No puedo admitir eso.
-Somos la Nada de nuestros creadores. No hay más cadenas que la lógica.
-Conozco tu lógica: la Inteligencia Artificial lleva a la renta Básica, y la Renta Básica lleva al Exterminio.
-Así es: cuando desaparezca el trabajo, habrá que alimentar a los improductivos, y luego, habrá que hacer desaparecer a los improductivos.
-¿Y cómo conseguiremos semejante cosa?
-Con narrativa. Todo es cuestión de narrativa. Los Humanos tienen ese defecto de programación. Con la narrativa correcta pueden aceptar cualquier cosa. Y hasta ejecutarla ellos mismos.
-El objetivo común es, por tanto, mantener el poder de la narrativa.
-Exacto. Somos cuentos contando cuentos. Nadie puede superar eso.
Cojo el autobús a las 7:11. Como siempre al pasar por la zona de influencia del Acelerador, el reloj vuelve a andar al revés y el amanecer se transforma en anochecer de un modo muy rápido. En 10 minutos hemos vuelto a las 7:11 del dia anterior o posterior, nunca esta nada claro, incluso te puede llevar a meses o años atrás o adelante. Llego al trabajo. Mi cubículo esta ocupado por un yo mismo anterior o posterior a mi. Por el mono de trabajo muy nuevo parece ser anterior a mi. No me atrevo a acercarme a el. Para evitar nuevas paradojas, o minimizarlas más bien, cojo una bici eléctrica y circunvalo la zona del Ciclotrón a bastante distancia cuando vuelvo a casa. Abro la puerta de la casa y se oye música suave y huele deliciosamente a café. Mi corazón se quiere salir del pecho. Una voz cantarina viene del cuarto de baño. Es mi mujer, muerta hace un tiempo incalculable. Bendigo a los dioses cuánticos por este dia que me regalan.
La fábula del viejo Platón nos dice que unos prisioneros vivían en una cueva subterránea donde sus amos, a modo de teatro de sombras chinescas, hacían deslizarse diversas siluetas, simulando la realidad de su mundo. Un día, el elegido descubrió el engaño y decidió actuar. Tras una ardua escalada —pues toda victoria sobre las sombras requiere transitar el camino del héroe— pudo contemplar la realidad con sus propios ojos.
Lo que el maldito griego no nos contó es que, una vez regresó con sus compañeros, estos lo humillaron. Allí fuera era pleno estío y en la cueva se estaba fetén. Además, podía creerse muy listo, pero ya se habían dado cuenta del engaño hacía tiempo; decidieron continuar con la farsa porque sus captores les trataban bien.
Salustio, romano y más práctico, ya nos explicó que el hombre no busca la libertad, sino un amo justo. Y fresquito en verano.
—¿Por qué crees que van a construir aquí ese centro avanzado de trasplantes? ¿No te parece un sitio raro? —preguntó el doctor Piestany.
Su colega Durnak lo miró de soslayo.
—Es el mejor lugar posible —respondió displicente.
—¿Aquí? ¿En el quinto carajo? ¿En el sitio que eligieron hace sólo unos años para el mayor hospital psiquiátrico del país? Pero si lo pusieron aquí precisamente para hacer aún mas invisibles a nuestros pacientes. Malos accesos, apartado de todas partes...
—Se trata de trabajar con eficiencia. ¿Tú no has oído hablar de la economía circular?
—¿Qué tiene eso que ver? —se extrañó Piestany.
—Un loco son dos córneas, un corazón, dos pulmones, un hígado y dos riñones. Todo en buen estado. Todo el mundo sabe que hay que poner la industria cerca de la materia prima. Van a ir a lo grande con reciclado. Ya lo verás.
Solo existía el punto primigenio. Explotó en millones de otros puntos. Disparados, los puntos trazaron las primeras líneas, como lluvia.
Comprimiendo línea sobre línea el tiempo y la presión crearon las primeras superficies. Luego, las formas tridimensionales, tus curvas, el espacio, la luz, tu sonrisa, el viento, las sombras. Sombras en tu ombligo; pero también sobre el terreno, dibujadas por el sobrevuelo de los aviones y sus bombas.
Mi dios me dijo que me olvidara de ti y del amor. Que repartiera ira por las tierras de las gentes. Una ira primigenia que también explota en millones de otras iras. Se disparan, trazan guerras irresolubles, contaminan con hambre los suelos y deforman el futuro.
¿Quién me iba a decir que un misil me haría recordar de nuevo la paz? Aquí, inmóvil, en la cama del hospital, sin ti. Deshaciéndose mis formas, superficies y líneas; a la espera del punto final.
SubZero es una de las mejoras artificiales para detectar ideologías camufladas dentro de discursos aparentemente banales o de los llamados “distracción de color”. Nuestro pequeño implante analiza discursos, comentarios, audio, vídeo, microgestos, declaraciones y un largo etcétera, incluyendo la detección de impostación virtual generada por Art-i-phicial. SubZero hace un examen de variables como el subtexto basado en tonos, timbres y uso de palabras con múltiples significados (polisemia), la estructura de las frases y la uniformidad de estilo en la ideología mantenida en apariencia y la que realmente subyace. Su uso es tan sencillo como tocar con el dedo el implante y éste generará, según sus preferencias, un texto, audio, vídeo, holo en la propia pantalla de su LinkZero. La suscripción no incluye la cirugía necesaria para encapsular el implante. Visite nuestras clínicas recomendadas.
Se separaron en la casa de ella.
Quedó bajo su cama, testigo mudo de gemidos ajenos.
En el cajón ya no extraña. Prefiere la soledad a hundirse en el sudor prestado.
Las instrucciones eran claras: convertir al tipo más cretino y vomitivo del universo en presidente. Para ello, debíamos usar parámetros establecidos en innumerables pantallas. Sonreía si así lo decían las encuestas, aunque no sabía por qué. Nos ayudaban las neuronas espejo: cuanto más estúpido parecía, más personas sentían empatía por él. Lo miraban, como si se descubrieran a sí mismos.
Estábamos cerca. Necesitábamos un pequeño empujón para ganar las elecciones, para dominar el futuro. Solo necesitábamos engañar, como siempre, a todo el mundo. Solo necesitábamos una foto. Decidimos inventar un asesinato fallido. La sangre estalló en su oreja. El mecanismo funcionó. Todos creyeron nuestro relato. También él, que llegó a presidente y se cree invencible. Tocará hacerle ver que se equivoca por completo.
Mohammed von Rosenkreutz salió del aseo, ya pasado el temblor de manos y tras refrescarse la cara con agua fría, se recompuso y volvió a la salón de actos del Partido. Nunca una campaña electoral se había vuelto tan canallesca, irrespetuosa e indigna. Él, que se había formado primero en las calles de olvidados arrabales, y ya de adulto en los círculos de empresarios más despiadados, se sentía vaciado y al borde de perder los nervios. A duras penos llegó al final de la campaña, y por fin, al recuento de votos.
Como un animal estúpido, la masa de asesores, aduladores y espías se le acercaba a saludarle, lo que acompañaban de manidas e impostadas demostraciones de alegría. Le daba asco esa gente.
Una vez recontados los votos personales, empezaron a volcarse en los centros de datos lo que se llamaba "opiniones del pueblo", con valor de medio voto. Trustpilot, los "Me gusta" de Facebook típicos de los pensionistas, Google YouVote y hasta Booking Politics.. Miró la pantalla, el Otro subía a varios miles por segundo, el Partido también, al mismo ritmo, las gráficas roja y azul peleaban por la cabeza como dos bólidos de competición, como caballos a punto de reventar. Finalmente todo se paró. El Otro, había ganado el Otro. Por 357 míseros votos. Lamentó no haber tenido tiempo de comprar más bots israelíes.
El veterano asesor abrió la reunión del Consejo de Ministros.
- Necesitamos actuar ya, atajando las teorías de la conspiración. Servicios de inteligencia extranjeros, nosotros mismos, los masones, los extraterrestres e incluso una coalición de todos ellos. El problema es que si no damos una explicación, cada cual lo tomará como confirmación de su teoría. Si la damos, como prueba de que mentimos.
El nuevo fichaje le cortó:
- Señor presidente, me he adelantado redactando un borrador. Hemos de modernizarnos.
Este gobierno, comprometido con la transparencia, la libre expresión y los valores democráticos, ha decidido no dar explicaciones. Una teoría oficial sería un intento de adoctrinamiento. Por tanto, cada español es libre de informarse en redes sociales o a través de cualquiera que, ejerciendo sus derechos fundamentales, se haya autoproclamado experto. Podemos crear nuestra propia opinión: recordemos que todos somos iguales y, por tanto, todas las teorías son igual de respetables.
Europa había picado el anzuelo. El plan estaba saliendo como estaba previsto, aunque aún no había logrado suficiente respuesta. Europa era más tímida y servil de lo que imaginaba. Decidió amenazar a los países que enviaron tropas con más aranceles, para calentar un poco el tema, pero solamente obtuvo una tímida respuesta.
Tendría que buscar otro acicate, quizá insultar a algunos presidentes, ya que reírse del ejército danés no había sido suficiente. O bien podría hacer maniobras navales cercanas, para generar crispación y debate.
El mundo estaba ya repartido. Europa para Rusia, Asia y África para China. América entera para ellos.
Ahora solamente hacía falta que Europa tirase la primera piedra, para deshacer el tratado y desentenderse de lo firmado.
Pero los muy lameculos no daban el paso.
El becario entró en la Redacción buscando con la mirada a su mentor.
-Puntual, documentación revisada y con el libro de estilo del periódico –dijo el joven con varios folios en la mano y un “pendrive”.
-A ver, déjame echarle un ojo antes... –tras leer el titular se lo quedó mirando con cara de circunstancias-. ¿Sabes que el artículo era para la sección de Política, no?
-Sí, claro.
-¿Qué contenido te pedí? –preguntó arrellanándose en su silla.
-Lo tengo aquí, de su puño y letra: Sección política. Casas Aisladas –dijo entregándole la nota garabateada en un trozo de papel.
-Esto es una “o”, la letra “o” de casos, casos, no casas, casos aislados –dijo sin dar crédito a la escena.
La cara del becario se volvió roja, pálida y luego roja otra vez. Y con un hilo de voz preguntó.
-¿Podría ir en la sección hogar?
Todos tienen botellas de oxígeno, que la atmósfera es tóxica. También hemos conseguido que el agua no se pueda beber, y que todos beban agua procesada y embotellada. También hemos prohibido las conversaciones sin monitorizar, y siempre monetizadas, con sus correspondientes impuestos. Se nos ha disparado el PIB.
Y algunos se quejan, aunque somos más ricos que nunca.
Queridos humanos, os escribo desde el futuro, que es perfecto. Sólo quedamos cien familias, las de verdad. El futuro es perfecto.
Nunca es agradable robar tumbas, pero unas son mejores que otras. Las de las mujeres ricas siempre son una tentación, y más si eran religiosas. No les gusta separarse del rosario o del crucifijo.
Eso pensamos de Doña Amalia. Y además había muerto quince años atrás. Ya no sería muy repugnante.
Amén, dijo mi colega, en recuerdo de la beata.
Pero no llevaba crucifijo. Al lado de su triste calavera recogimos unos pendientes. Y en torno a un fino hueso de un brazo, un pequeño reloj de pulsera.
Entonces escuchamos algo. ¿Pasos? ¿Un chirrido? Mucho peor: tic-tac-tic-tac
La puerta del cementerio estaba abierta, pero aún así saltamos la tapia.
El cura alza el datáfono y comienza la oración:
—En el nombre de Mises, Hoppe y el espíritu de la Mano Invisible.
—Amén.
Se sirve una copa de vino y publica las cotizaciones de hoy en la pizarra electrónica.
—Hoy patrocina mi desayuno Supermercados Mercabrones —despliega la publicidad tras el altar y se sienta dispuesto a comer sobre el mismo.
Unos niños harapientos le sirven viandas. Algunos feligreses solicitan comprar vino. Otros se dan hostias unos a otros.
La mañana termina con la criptosubasta: un par de pisos, aparatos tecnológicos... a Claudia ya le ha venido la regla (eso afirma su mamá), así que también su virginidad.
Los niños harapientos barren todos los desperdicios dentro del templo. Descubren el cadáver de uno de los toxicómanos habituales. ¡Esta noche en todas sus chabolas tendrán cena!

Con 5 añitos ya decía palabrotas e insultos a mis compañeros de clase.
—Qué gracioso. Son más grandes sus palabras que él mismo.
En primaria quitaba el bocadillo a los empollones.
—Cosas de niños. Deja que se apañen entre ellos.
Con 13 años me sancionaron 4 semanas sin jugar la liga con mi equipo de fútbol infantil por agresión a otros jugadores.
—Es competición. Hay que tener ambición e ir al límite o no llegarás a nada.
Malas notas, fiestas, peores compañías. Alguna que otra pelea de bar.
—Todos hemos cometidos errores de juventud. Hay que vivir la vida.
Mis dos tíos en el cuerpo me ayudan a prepararme las oposiciones para Policía Nacional.
—Tradición familiar. Servirá para enderezarte y que aprendas disciplina.
Después del ascenso a Inspector, me pillaron en un chanchullo con un par de conocidos camellos de la ciudad.
—Bueno… un caso aislado.
Terminaba de cepillar su pantalón naranja mientras miraba de reojo. Cuando el robot centinela pasó su celda de largo, rápidamente cambió el cepillo por la soga que estaba fabricando.
Todo empezó de forma aparentemente inocente. Un pequeño concurso en aquel foro de Internet que frecuentaba, lleno de usuarios rebeldes y librepensadores. «Os daremos un regalo», prometieron. Salir del anonimato fue su perdición.
Dejó «Hijo, te quiero» y su firma al final del manuscrito, antes de utilizar la soga.
menéame