#1 Y tanto. Es cultural. Lo comentábamos un grupo de amigos hace unos meses: a los hombres nos inculcan el deber de aguantar, de no mostrar debilidad en ningún sentido, incluso evitando reconocer que no estamos bien y menos aún a pedir ayuda. Y como reflexión de barra de bar llegamos a la conclusión de que eso podría explicar, en parte, porque las tasas de suicidio son superiores en nosotros, porque los problemas no desaparecen ignorándolos o escondiéndolos, sólo se acumulan hasta que estallan.
#1 Igual es cuestión de expectativas. Yo la vi por casualidad, sin saber quién salía ni de que iba, y recuerdo cómo pase del desinterés a verme más y más atrapado por cómo se desarrollaba todo. Me acabo gustando bastante, la verdad. No es una trama que se olvide fácilmente y eso ya es mucho.
#1 El hecho de no tener a alguien boicoteando a la UE para favorecer a Rusia y a EEUU ya justifica el cambio.
Para todo lo demás, es lo que ha votado el pueblo húngaro, que recordemos, llevaba 20 años bajo una campaña de propaganda brutal con Orbán. No van a salir de la nada a votar a un Pedro Sánchez.
La zorra y las uvas. Desde ayer, muchos por esta página todavía estáis buscando una posición desde la izquierda que os haga sentir mejor con el varapalo que le han dado al vasallo fascista de Putin en Hungría.
#1 No es casualidad sino el indefectible imperio de la leyes de la naturaleza. Entrar a este partido implica respirar día y noche el mórbido ambiente del proceloso compañerismo autoritario, colmatado de moléculas fascistas. La exposición continuada a medio tan nocivo conduce a padecer el llamado Síndrome Agudo de Amnesia del Afiliado (SAAA), estado cuya duración se extiende hasta que el carnet del partido se rompe o desintegra, bien por expediente disciplinario sobrevenido, bien por voluntad propia. Una vez fuera del partido, el ex-afiliado comienza a recordar lo que no sabía, a darse cuenta de lo que no sabía que sabía y concluye que si lo sabe ahora es, precisamente, por la prensa. Salvo alguna cosa.