
Ciudadanos, internautas, herederos de una Europa que espera para completarse:
No hay siglo que no proyecte su sombra sobre el nuestro, ni figura que, al alzarse por encima de su tiempo, deje de pertenecerle. Napoleón no fue solo un hombre coronado por sus victorias, sino una excepción en la historia: la voluntad encarnada que, en lugar de limitarse a conquistar territorios, se atrevió a ordenar el mundo.
Su marcha sobre Europa, antes que militar, fue conceptual. Allí donde otros veían feudos y reinos, él veía decadencia; donde había tradición, él diagnosticaba ruina. Y en medio del estruendo de los cañones, llevó a cabo una empresa más duradera que cualquier victoria: la arquitectura de una ley para una civilización.
Las batallas pertenecen a la memoria; su Código Civil pertenece al presente. Mientras los mapas se deshacían como pergaminos húmedos, ese texto lógico e implacable fijaba algo más resistente que las fronteras: un nuevo orden, metódico y racional, que llevaba dentro de sí todos los buenos valores de La Revolución.
Allí donde reinaba el privilegio, impuso la geometría de la ley; donde mandaba la sangre, estableció la justicia; donde el derecho era un mosaico de excepciones, Él lo redujo a principios universales. No liberó pueblos para dejarlos intactos, sino para despojarlos de sus rémoras, incluso a costa de su propia gloria.
Entre las brumas de Santa Elena, donde el océano podría haber diluido su nombre, Él no cayó: se replegó, en silencio previo al retorno prometido, entrando en ese territorio donde la historia se convierte en espera. Porque Napoleón vive en cada intento de someter el caos humano a la civilización, la barbarie al imperio de la ley.
Cuando Europa vacile entre la arbitrariedad y el orden, el derecho se diluya en intereses y la política reclame de nuevo una forma, no será extraño que su nombre resurja, porque Napoleón, tras haber agotado la historia, entró en el dominio de lo inevitable. Entonces veremos en lontananza la brillante sombra de El Emperador.
¡Que el mundo vigile el horizonte: el Águila no ha concluido su vuelo!
Hola,
Si ganaras acceso a algún dispositivo para poder catapultarte al pasado, sé que sería muy tentador empezar por algo sencillo pero a la vez de gran impacto: visitar a Trump cuando era un bebé.
No lo hagas.
Si algo ha quedado claro en las etapas de la construcción de un estado fascista es, con claridad meridiana, que el problema y el mal no está encarnado en una persona.
Toda la literatura y fantasía al respecto nos ha llevado a pensar que es un individuo quien planifica y diseña el mal.
Nada más lejos de la realidad.
El problema son todos los que le complacen sin rechistar, le animan, le adulan, cumplen sus peticiones y, sobre todo, aprovechan la locura de un individuo para levantar una ola enorme de acciones fascistas.
Esos son el problema.
No malgastes tu primer viaje temporal en una acción inocua.
Lo mejor es que me busques a mí de bebé y dejes en mi regazo la lista de los premios de lotería más abultados durante los siguientes 25 años . Yo sabré qué hacer para arreglar la situación, descuida.
Saludos.
"La principal causa del antisemitismo en el mundo actual es el hecho de que el Estado de Israel pretenda representar a todos los judíos y esté cometiendo un genocidio en Gaza, en nombre de todos los judíos."
"Israel lleva la estrella de David en sus tanques y aviones mientras mata a mujeres y niños en Gaza; está avivando el antisemitismo constantemente".
Mark Etkind, hijo de un superviviente del Holocausto (video en inglés):