Durante más de treinta años, un hombre vivió atrapado en una depresión impenetrable a cualquier tratamiento. Ni fármacos, ni psicoterapias, ni electroshock. Gracias a un dispositivo único en su tipo, la ciencia médica ha conseguido lo que parecía imposible: devolverle la experiencia de la alegría y la calma interior. El dispositivo emula la lógica de un marcapasos cardiaco, pero en lugar de regular latidos, dirige pulsos eléctricos a redes neuronales vinculadas a la depresión. Su singularidad radica en la personalización: antes de la cirugía...
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