Si estas fechas te encuentras en Estados Unidos y la morriña te golpea con tanta fuerza que te apetece un roscón de Reyes, te vas a llevar una sorpresa: aunque puedas comprar este popular dulce en algún comercio, este ha perdido buena parte de la magia del verdadero ritual de comer un roscón: que a alguien azarosamente (más o menos, no juzgamos tu pericia a la hora de mover figuritas con el cuchillo que parte) le toque la figurita.
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Piratas de medio pelo.
EEUU, democracia bananera.