Concurso de microrrelatos de Menéame
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Big Bang

Solo existía el punto primigenio. Explotó en millones de otros puntos. Disparados, los puntos trazaron las primeras líneas, como lluvia.

Comprimiendo línea sobre línea el tiempo y la presión crearon las primeras superficies. Luego, las formas tridimensionales, tus curvas, el espacio, la luz, tu sonrisa, el viento, las sombras. Sombras en tu ombligo; pero también sobre el terreno, dibujadas por el sobrevuelo de los aviones y sus bombas.

Mi dios me dijo que me olvidara de ti y del amor. Que repartiera ira por las tierras de las gentes. Una ira primigenia que también explota en millones de otras iras. Se disparan, trazan guerras irresolubles, contaminan con hambre los suelos y deforman el futuro.

¿Quién me iba a decir que un misil me haría recordar de nuevo la paz? Aquí, inmóvil, en la cama del hospital, sin ti. Deshaciéndose mis formas, superficies y líneas; a la espera del punto final.

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Sección hogar

El becario entró en la Redacción buscando con la mirada a su mentor.

-Puntual, documentación revisada y con el libro de estilo del periódico –dijo el joven con varios folios en la mano y un “pendrive”.

-A ver, déjame echarle un ojo antes... –tras leer el titular se lo quedó mirando con cara de circunstancias-. ¿Sabes que el artículo era para la sección de Política, no?

-Sí, claro.

-¿Qué contenido te pedí? –preguntó arrellanándose en su silla.

-Lo tengo aquí, de su puño y letra: Sección política. Casas Aisladas –dijo entregándole la nota garabateada en un trozo de papel.

-Esto es una “o”, la letra “o” de casos, casos, no casas, casos aislados –dijo sin dar crédito a la escena.

La cara del becario se volvió roja, pálida y luego roja otra vez. Y con un hilo de voz preguntó.

-¿Podría ir en la sección hogar?

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El Rescate

Tengo un frío tremendo, las manos entumecidas y una gran sensación de angustia en la cabeza y el pecho. El continuo sonido de las explosiones va alejándose. Es ahora cuando reacciono y estoy gritando de desesperación. Cegado por las luces de los que, supongo, forman el equipo de rescate, sigo sin creérmelo. ¿Por qué ahora? ¿Por qué en el mes de enero? Pasivamente, aturdido y desnudo, comienzan a aplicarme calor. Me voy calmando y aceptando la nueva situación. Las celebraciones de invierno y sus regalos estarán tan cerca de mi cumpleaños que éste quedará diluido. Comparativamente perderé patrimonio durante años. Me ponen en la teta un rato. Es agradable. A dormir.

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Ya tenemos ganador del segundo concurso de microrelatos de Menéame

El microrelato titulado Tu contraseña es muy débil de Karakol ha ganado el concurso de esta semana. Podéis leerlo completo (no os llevará mucho tiempo) aquí: www.meneame.net/m/microrelatos/tu-contrasena-muy-debil

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Menudos cachondos

Con cierto regocijo veo que esta semana el tema de los microrrelatos en Menéame se basa en los problemas informáticos. ¡Genial! Es algo de lo que suelo escribir mucho por estos lares. Así que, para inspirarme, procedo a buscar mis viejas anécdotas.

Pero el buscador no funciona.

Como una vez dijo un sabio: "¡A la mierda!"

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Demasiadas Galateas

La fina lluvia nocturna sobre el cristal reflejaba el led intermintente de la Sex Station 9, mientras intentaba descargar de la red oscura un pack con las mejores felaciones de la década, para instalarlas en el robot de termopiel. Pensó en desistir y pagar por el pack en OnlyFarts, la última vez le colaron un fichero corrupto manipulado por la SGAY que sobreescribía el límite de succión, y aún sentía escalofríos al recordarlo. También fue el orgasmo de su vida, para qué negarlo…

-         Fichero incompleto.

Cerró un par de molestos hologramas publicitarios para centrarse en el archivo.

-         “Robot con la cara de tu prima, máculas en la piel opcionales.” “ Replícate en termopiel para sentir cómo es hacerlo contigo mismo”

-         ¿ Pero qué… ?

-         “Gracias por elegir Selfympaler, desnúdese frente a su 3D cam”

-         No me creo que esté haciendo esto

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Cuchufleta

-Hasta las narices-, pensó.

Tener un hermano importante, famoso, casi como una estrella de cine, con su imagen ampliamente conocida en el mundo entero, era curioso, por decirlo suavemente. Estaba contento por él, por supuesto, y orgulloso de él por sus logros, pero también le quedaba ese poquito de resquemor, ese "por qué él y no yo", aunque las razones fueran más que evidentes: no tenía su nivel ni por casualidad.

Pero lo que más le dolía eran las burlas contra él. Vale que no tenía la capacidad de su hermano, que había redefinido la Física desde una triste oficina de patentes, y tampoco había recibido un Nobel ni le habían propuesto ser Presidente de Israel, pero ser médico no estaba mal, aunque esa circunstancia, junto a la fama de su hermano, ayudase en las chanzas.

-Hasta las narices-, se repitió Frank, -lo de "monstruo" se tiene que acabar-.

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"Ghosting al mainstream" el mejor microrrelato de esta semana

Magnifcus gana nuestro concurso semanal de microrrelatos con "Ghosting al mainstream" www.meneame.net/m/microrelatos/ghosting-mainstream

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El sortilegio amoral (#FuturoImperfecto VIII)

Tras el tratado de Atlanta del 39, cualquiera podía solicitar clones sin conciencia ni sensación de dolor. También se eliminaban las restricciones a la modificación genética de estos seres sin derechos humanos, lo que devino en un bestiario medieval viviente paseando por las calles de las grandes ciudades. Enanas con pechos enormes, gigantes con pechos enormes, cerditas antropomorfas con ocho pechos, artemisas con una falda de senos innumerables, minotauros, ninfas, cleopatras, sicofantes...

Pero lo más común, aparte de clonar a actrices, actores y cantantes, era duplicar a conocidos y amigos, aunque en secreto. La secretaria del jefe, el cuñado de la hermana, el primer amor del pueblo... El tejido intrascendente de la fantasía democratizaba el ánimo libidinoso. Antes la prima que Scarlett Johansson, mejor la guapa de clase que la actriz porno, antes lo que pudo haber sido posible, que aquello que nunca lo fue.

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Blues final

Se acabó, se acabó todo.

Sólo queda este último pago.

Una sonrisa sin prisa

y pastillas de yodo.

Ningún halago hay

en esa idea sumisa.

Holocausto mundial.

Diversión sin final.

(Solo de piano.)

 

Todos se quejan,

pero aquí vinimos a jugar.

Y jugando estamos

en este cabaret

de pólvora y miedo.

Y ante el dolor

sólo queda el humor

mientras el mundo,

ya sin ventanas,

explota una y otra vez.

(Solo de piano.)

 

No hay que gritar,

no hay que llorar,

sólo queda recordar

que a nuestro pesar

tenemos que cerrar.

Ahora nos traen la cuenta

y hay que pagar la afrenta.

Holocausto mundial.

Diversión sin final.

(Solo de piano.)

 

Morimos sin haber vivido,

por decisiones sin sentido.

Por querer sobrevivir

hemos dejado de vivir.

Holocausto mundial.

Diversión sin final.

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De bien en mejor

Con 5 añitos ya decía palabrotas e insultos a mis compañeros de clase.

—Qué gracioso. Son más grandes sus palabras que él mismo.

En primaria quitaba el bocadillo a los empollones.

—Cosas de niños. Deja que se apañen entre ellos.

Con 13 años me sancionaron 4 semanas sin jugar la liga con mi equipo de fútbol infantil por agresión a otros jugadores.

—Es competición. Hay que tener ambición e ir al límite o no llegarás a nada.

Malas notas, fiestas, peores compañías. Alguna que otra pelea de bar.

—Todos hemos cometidos errores de juventud. Hay que vivir la vida.

Mis dos tíos en el cuerpo me ayudan a prepararme las oposiciones para Policía Nacional.

—Tradición familiar. Servirá para enderezarte y que aprendas disciplina.

Después del ascenso a Inspector, me pillaron en un chanchullo con un par de conocidos camellos de la ciudad.

—Bueno… un caso aislado.

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La boda en la playa

-¿Qué tal tu boda nudista en la playa?

-Pues… un poco de lío porque al final tuvimos que llamar a un chamán que llevaba un taparrabos de paja porque dijo que sin eso no…

-Poco nudista vuestro chamán.

-Ya. Y los tíos de mi novia estaban escandalizados.

-¿No les habías avisado de cómo era el evento?

-Sí, sí, claro… Fue por lo del traje de la novia.

-No había, claro.

-Claudia llevaba una diadema blanca en el pelo.

-Qué bonito.

-Y luego Sebastián y sus amigotes tuvieron que echarse al agua varias veces porque…

-Pero si con todo el mundo desnudo es muy difícil que…

-Pero estos están bajo mínimos. Y lo peor es que estaban en la zona de las amigas de mi novia.

-¿Llevaste pajarita al final?

-Sí, una blanca. Pero no me la puse en el cuello… otro lío. No tengo remedio.

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Nanorelato: Sincronización

Un apagón detuvo el ascensor y los dejó demasiado cerca. Las pulseras biométricas se desincronizaron; los implantes, también. Rieron en voz baja. No pasó nada registrable. 

Una tensión antigua. Cuando volvió a funcionar, se separaron sin promesas. El incidente quedó resuelto. Ellos supieron que no del todo.

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El regalo

Terminaba de cepillar su pantalón naranja mientras miraba de reojo. Cuando el robot centinela pasó su celda de largo, rápidamente cambió el cepillo por la soga que estaba fabricando.

Todo empezó de forma aparentemente inocente. Un pequeño concurso en aquel foro de Internet que frecuentaba, lleno de usuarios rebeldes y librepensadores. «Os daremos un regalo», prometieron. Salir del anonimato fue su perdición.

Dejó «Hijo, te quiero» y su firma al final del manuscrito, antes de utilizar la soga.

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...y se fue

Se acicaló la barba, se puso las gafas de pasta (sin graduación), su chaqueta de franela y tirantes. Cogió su bicicleta, guardó su diccionario de esperanto en la mochila, y quedó con sus amigos, que se habían acicalado la barba, con sus gafas y con su franela y tirantes, que también habían venido en bici. Y se sentían especiales y auténticos, no como esa gente que sigue las modas que les dictan.

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Mayo. Frío. Osma, antiguo camino de Olmillos

Estaba agotado y me resguardé de la nieve que no se podía beber. Había cargado con la pata de burro reseca en sal que pesaba como un demonio. Abajo, en el sendero de Atauta, había rematado a dos carroñeros que llevaban un buitre a las espaldas. Hoy estoy muy cansado y me han cortado la cara esos malnacidos. Los he tirado en el barranco para que los lobos se los coman. Me he escondido aquí en cuanto he oído los motores de los pájaros del gobierno, esos malditos helicópteros. Agua ya no me queda. Tendré que asaltar Gormaz aunque me juego el pescuezo y queda lejos. Me estoy quedando sin papel para escribir y el lapicero está quebradizo. Ayer enterré a Miguel, estuve tentado de ponerle una cruz clavada en la tierra pero no soy idiota. Hoy no tengo mucho más que contar.

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El miedo al año 3000

Año 2996. Monasterio de San Juan de Pi.

Los monjes se levantan cerca de la medianoche, aunque ya nadie sabe cual es el momento exacto. Ni importa. Medianoches es la mitad de la noche y se señala con una campana, que maneja el hermano campanero. No hace falta más.

Ateridos por el frío, los monjes se dirigen a la capilla a cantar ecuaciones, derivadas e integrales. Abajo, los campesinos, crían sus animales y cultivan la tierra, amparándose sólo en sumas y restas. Los más viejos, de unos cincuenta años, saben incluso multiplicar, pero pronto morirán.

Algunos temen que en pocos años, cuando llegue el año tres mil, se agoten las velas y nadie pueda encender fuego. Ya hay aldeas así, arriba en las montañas.

Algunos temen a los imaginarios, los negativos y los iguales a cero.

Pero la realidad seguirá ahí. Es cuestión de fe. Pasará el tres mil, como pasó el 1000 con su miedo a los dragones y el 2000 con su temor a las criaturas eléctricas.

Llegará el futuro y habrá pan. Lo importante es no perder la fe.

Infinito partido por cero esté con nosotros.

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El siglo de las luces ( #FuturoImperfecto IV )

Camilo ajustó el trípode de los prismáticos y se secó el sudor, hacía un sol de mil demonios y tenía la ropa pegajosa de andar entre las jaras.

No parecía haber deambulantes por la zona. Al principio les llamaba presocráticos, pero al poco tiempo le pareció de mal gusto.

Sabía que esto acabaría pasando. La IA comenzó a encontrar remedios médicos inauditos, parecía la era de los milagros... Y al cabo de un tiempo, todos los compuestos farmacéuticos los definía Synapster.

No hubo robots con láseres, ni drones asesinos. Un buen día de noviembre la mayoría de la humanidad sufrió una regresión cognitiva severa. Camilo tardó en entenderlo, pero Synapster había programado una bomba bioquímica que estaba en la comida, la bebida, los medicamentos...

Ahora deambulaban como animales torpes, sólo buscando saciar sus apetitos primarios.

Rescató a algunos, pero morían de formas estúpidas.

O se mataban por una piruleta.

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Santa María de la Nueva Luz

El personal del centro de datos se apresuraba, calle arriba, bajo la lluvia.

Nadie quería perderse la inauguración de la nueva catedral. La consagraría el Papa en persona, y estaba previsto que asistieran también una treintena de obispos. Y doscientos monaguillos.

El templo era neogótico, con un aire a Gaudí y su templo de la expiación. Eso era lo que todos buscaban: expiación, penitencia, perdón por lo que habían hecho.

Casti todos los informáticos se habían vuelto creyentes. Es lo que suele suceder con los colaboracionistas.

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Salvación y condena

Fui detenido sin indicios concluyentes, aunque algunos rastros parecieron apuntar hacia mí. Aquel crimen abominable revolvió a las gentes de manera sorprendentemente unánime. El mendigo más abyecto y los próceres aristocráticos, todos querían verme ejecutado de la forma más envilecida. Deseaban terribles penas, profanar mi cadáver después, borrarme para siempre.

Me anestesié en la desesperanza y deseé que todo fuera rápido. La última sesión del juicio se llamó a un testigo inesperado: mi hermano, hombre admirado, insigne, adorado. Era la antítesis de mí, un despojo en el taburete del acusado. Su declaración fue escuchada con silencio devoto. Sus palabras, que parecían humildes, dejaban empapar la seguridad en mi absoluta inocencia. Todo cambió cuando bajó del estrado.

 La sentencia fue absolutoria. Esa noche, en su casa, me sentí agradecido hasta las lágrimas, bendecido por verdadero amor fraternal. Él me miró con ojos comprensivos y me dijo:

-         Pero fuiste tú, ¿verdad?

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Fontaneros y fontaneras

Raquel cogió otro manojo de pelos y lo tiró al sumidero. Llevaba toda la semana acumulando los que se le caían al ducharse, pero lo que de verdad funcionó fue pelar al perro: esa pelusa fina y grasa había resultado infalible. Abrió una vez más el grifo del fregador para cerciorarse de que no se tragaba ni una gota y llamó a la empresa de fontanería. En menos de una hora enviarían a alguien.

Ya en la ducha, se tomó su tiempo para lavarse y depilarse; tenía que estar perfecta. Recibirle maquillada sería demasiado evidente, el pelo mojado y la toalla enrollada le darían un aire casual y sexy.

Fantaseó cuando llamaron a la puerta. ¿Sería guapo y musculoso? ¿O viejo, gordo y sucio? La segunda opción le gustó aún más.

Al abrir, la rabia y la decepción la invadieron. Era una fontanera.

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Introspección

Introspección

No está en ese rincón

Por más que miro de soslayo

Ni atisbo de emoción

No consigo sino fallo

-=-

La culpa incontrita se oculta

Cuando buscas absolución

Inconscientemente resulta

Demasiada imposición

-=-

Los ojos vueltos hacia adentro

Reflejan cual espejo

La búsqueda de un centro

Que no es más que un reflejo

-=-

Un espejismo vacío

Un espíritu baldío

Un juicio tardío

Un carácter impío

-=-

"Introspección", se dijo a sí mismo, pero sabía que era mentira, que esa revisión interna no era más que una pretenciosa tentativa de justificar su maldad, un vano empeño de disculpar su iniquidad, su falta de conmiseración, su alarde de mezquindad, un intento estéril de excusar su inhumanidad.

Era una persona malvada, una mala persona, era consciente de ello, y ninguna introspección le salvaría de sí mismo, ni, peor aún si cabe, a los demás de su vileza.

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Lo cóncavo y lo convexo

Le había llamado «Roberto». Con el timbre infantil de su senilidad había vuelto a confundirle con su hermano. «Yo, que tantos años te sirvo y nunca te desobedecí», rugía con mirada de ira bíblica mientras le retiraba la cuchara de la boca. «Roberto está preso», le recordó, aunque sabía que en vano. Delante tenía a un hombre confuso y en retirada.

Roberto llevaba doce años en Puerto I. Era la última y la más larga de las miserias que había traído a ese borrón de familia. Y él, el abnegado, el que escribía sin torcer sus renglones, cumplía condena desviviéndose por un padre que no le reconocía. 

Tanto quería ver a su hermano de vuelta. ¿Era esa su última ilusión? Se preguntó mientras luchaba por aflojar la tensión de sus brazos. No entendía cómo pudo haber paz en la casa del hijo pródigo, ni cómo su padre se aferraba al vacío de lo cóncavo, a lo ausente, con ese afán.

Sentía la garganta atorada con todos los reproches que fermentaron en sus sacrificios, su soledad y sus noches de hospital. Sus manos no querían responder. Solo podían apretar el cuello.

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Hasta que el tiempo nos separe

Eres una cobarde, utilizar esa excusa mezquina para engañarme. A saber ahora en qué futuro estarás. Te vi salir por la puerta y no sospeché que te meterías en la máquina otra vez. Después de todo lo que hicimos juntos y ahora veo que te aburrías conmigo.

Puedes haberte ido a trescientos años adelante, o sólo treinta minutos. Pero treinta minutos en un multiverso que se bifurca infinitamente (como senderos en un jardín) es suficiente para perderte para siempre.

Gracias a tu huida, sin embargo, ahora sé que la máquina no se mueve en el tiempo, sino que una copia idéntica a ella (y su contenido) es creada en otro hilo temporal. Maldita seas, Luisa, hemos ido dejando máquinas del tiempo detrás de nosotros en cada salto.

La probabilidad de encontrarte en infinitos multiversos futuros es cero. Es como si hubieses muerto. Pensaré eso para que no me duela tanto.

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La escala de Bristol

Había vuelto a pasar. Alguien, seguramente el mismo tipo, había vuelto a depositar sus líquidas heces en el hoyo 18, la semana pasada en el 12 y la anterior en el hoyo 10. El cuidador del campo de golf estaba hasta las mismas gónadas de limpiar el hoyo que quedaba impracticable debido a la deposición del malnacido que hacía eso. Las cámaras sólo habían captado a un tipo de mediana estatura, con sudadera negra, capucha y pantalones negros.

Los de seguridad no tenían autorizado abandonar el edificio central y se reían cada vez que a él le tocaba limpiar uno de los hoyos llenos de esa líquida pasta marrón.

Ese mismo día acudía un magnate estadounidense, así que decidió tomar cartas en el asunto, consiguió llenar el hoyo 15 y el 16 con sus propias heces, eso sí, las suyas eran de tipo 4 en la escala de Bristol.

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menéame