Una infección bacteriana desfiguró el rostro de Carme. El microbio se expandió por el tejido facial y le provocó una gravísima necrosis que le destrozó la cara. “No podía comer porque mi boca no se abría, me faltaba medio trozo de nariz y no respiraba bien; físicamente era bastante desagradable y no podía hacer vida normal par nada”, cuenta. Su rostro dejó de ser funcional y dejó, incluso, de salir de casa. Su vida se paró, todo se oscureció. Pero hace cuatro meses, apareció “un rayo de luz”, relata: fue el complejísimo e insólito trasplante de
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Mis dieces a los médicos, al donante y a su familia, que al final decide
Hecha la gracia, me alegro que se avance en esto también.