El acuerdo no es “la madre de todos los acuerdos” sino el hijo tardío y enfermizo de una globalización en agonía. Es la prueba de que Europa no puede cambiar su software económico y político. La UE sigue atrapada en su visión del “comercio suave” y la centralidad de las exportaciones. La receta que ha debilitado a Europa es retomada por sus líderes con la esperanza de que finalmente haga milagros. La idea del acuerdo no es crear un bloque geopolítico ni responder a Washington sino hallar otro Eldorado en sustitución de China.
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La gracia que yo veo es que el sistema actual chino (y antes tambien) se basaba en parte en budismo, una creacion de la india, y que la echaron en favor del hinduismo