El plan francés de soberanía digital es uno de los más ambiciosos que recuerda la historia de la informática pública, pero el historial de proyectos similares es un cementerio lleno de proyectos con buenas intenciones, y LinEx, la distro de Extremadura, es ejemplo de ello.
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El primero es que se hizo muy pronto, cuando en Linux aún no había diestros enfocadas en el usuario básico (como Linux Mint) y aún había que trastear mucho en bash para cualquier instalación de drivers o programas. La diferencia ahora es un mundo.
Y el segundo es que cada administración la cogió como su reino de taifa particular, sin compartir recursos ni equipos.
El primero está salvado, ahora a todo es infinitamente más sencillo para el usuario. El segundo, como Francia,y el resto de Europa, repitan el mismo error, acabaremos con 15-18-las-que-sean distros y una ingente cantidad de recursos usadas por cada país en lugar de generar una base común para todos.
Como todo, se hizo para poder desviar dinero
20226, l'année de Linux sur ordinateur de bureau